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Daniel Luque y los brotes verdes, nuevo artículo de Antonio Campuzano
Por Antonio Campuzano 27/05/2009 |
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A poco se produzca el respeto de los accidentes y cogidas, y con la superación con nota del test de reconocimiento del pueblo de Madrid, en pleno San Isidro, se puede estar ante el escenario de la consolidación de un torero capaz de disputar los primeros contratos con los que se construyen las ferias y los abonos.
Hace ahora un año, el 5 de junio de 2008, José Tomás reaparecía en el coso de Las Ventas, acompañado de quienes no parecían significar molestia para el estrellato refulgente del torero de Galapagar.
Así fue, tanto Javier Conde, cabeza de terna, como un casi desconocido para el gran público Daniel Luque, que confirmaba alternativa. Pues bien, se está en condiciones de decir que, transcurrido un año desde aquel entonces, que las circunstancias han resultado tan cambiantes que Luque ya no ofrece en absoluto su versión de relleno para el remate de carteles en ocasiones históricas. Luque ya representa en el toreo la metáfora esa política tan de moda: el verdadero brote verde de la recuperación del escalafón.
La corrida de la Prensa, contaminada desde hacía mucho tiempo por el virus del fracaso, ha resurgido esta edición con renovados bríos para acoger la irrupción de un torero aún nuevo, pero de un muy esperanzador futuro. A poco se produzca el respeto de los accidentes y cogidas, y con la superación con nota del test de reconocimiento del pueblo de Madrid, en pleno San Isidro, se puede estar ante el escenario de la consolidación de un torero capaz de disputar los primeros contratos con los que se construyen las ferias y los abonos. Durante la lidia del quinto toro, de Parladé, en turno de El Fandi, en su ambición por redondear su desempeño, a la salida del caballo, el diestro sevillano consultaba y consultaba con el director de lidia, Uceda Leal, la conveniencia de entrar en quites.
El detalle no pasó inadvertido al escrutinio de la difícil plaza de Madrid. Entró al quite y el acto fue interpretado por el auditorio como una señal más de la estima personal del escrutado consigo mismo y también con el tendido.
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