Tarantino no mata moscas, y menos si son afrodisíacas. Artículo de Carlos Bueno.
Por Carlos Bueno 27/05/2009
 
Mientras el caballo de Pablo Hermoso salvaba la vida en manos de los veterinarios de la Facultad de Madrid, un puñado de ¿stripers? se despelotaban en Las Ventas, y Quentin Tarantino decía memeces.
avance La cogida fue dramática, la imágenes duras, muy duras. El quinto astado de la tarde hacía presa en la panza del caballo de Pablo Hermoso y le sacaba literalmente las tripas afuera. Para bien y para mal, la fiesta de los toros no cuenta con efectos especiales. No hay trucos ni dobles. Lo que ocurre pasa de verdad, sin falsas impresiones visuales ni artificios. En la plaza se juega a vida o muerte sin disfraces ni tapaderas, a pecho descubierto.

Hoy, la sociedad trata de esconder todo aquello que representa crudeza, y no digamos expiración. La juventud percibe de la caja tonta mensajes superfluos de éxito inconsistente, sin la base del sacrificio, del esfuerzo en el trabajo. En cambio, en la plaza se representa la aspereza de la vida, donde suele triunfar la constancia y la inteligencia frente a la brutalidad y la fuerza; suele triunfar, aunque no siempre ocurre así. También como en la vida cotidiana, a veces se acaban desbaratando los planes más lógicos.

El quinto de la tarde quebró de cuajo las mejores intenciones del rejoneador navarro, que lloraba desconsolado lo que parecía la pérdida irremediable de un caballo querido. Retiraban al equino con la barriga rajada y pensaba yo en la repercusión que iban a tener aquellas desgarradoras imágenes. Madrid, San Isidro, todos los medios de comunicación acreditados… ¡menudo escaparate! Y al día siguiente cuarenta elementos semidesnudos protestaban en la puerta de Las Ventas contra las corridas de toros. Nunca he entendido por qué tanta gente suele manifestarse en pelotas. ¡No a los toros! ¡No al sufrimiento! ¡No al dolor! ¿No a la ropa?

Bueno, ya lo decía El Gallo: “Hay gente pa tó”. Y entre esa gente me topé en uno de los telediarios con Tarantino, Quentin Tarantino, el afamado director, guionista y productor cinematográfico. Contaba Quentin que él jamás podría sacar en sus películas el dolor de un animal, es más, afirmaba que es incapaz de matar una mosca. Me froté los ojos y… ¡sí! era Tarantino, el director de dramas ácidos con venganzas sangrientas, crímenes desgarrados, disparos a quemarropa, voladuras de sesos, desmembramientos atroces, descuartizamientos brutales, ríos de sangre y violencia gratuita. Pulp Fiction, Reservoir Dogs, Kill Bill, Death Proof o Jackie Brown son prueba de ello.

Como curiosidad, he descubierto que en sus películas normalmente hay giros y comentarios discriminatorios hacia negros y judíos, aunque ese no sea el tema central de los diálogos. Incluye además en los personajes el consumo de cigarrillos, o bien aparecen anunciados o como parte de la escenografía. Y por si fuese poco, en una reciente entrevista habló sobre el consumo de cannabis y éxtasis durante el rodaje de uno de sus largometrajes, concretamente Kill Bill. Bien Quentin, nada de matar moscas, mucho mejor hacer apología de la violencia entre humanos, destrozar cuerpos, normalizar el consumo de tabaco, apuntar tus ideas racistas sin tabúes y confesar sin reparo que en las grabaciones de tus films se consume droga. Sí Tarantino, ese es un buen ejemplo de farisea hipocresía.

Entretanto los veterinarios salvaban la vida del caballo de Pablo Hermoso, aunque éste seguía llorando desconsolado. Y yo… yo estoy por ir en busca de la “mosca española”, según la novela de Lorenzo Galiana el afrodisíaco más poderoso de la historia de la humanidad hasta la aparición de la viagra. Se trata de un escarabajo verdoso de pequeño tamaño habitual en los bosques de fresnos de los macizos del centro de la península ibérica y conocido vulgarmente como la “mosca española”. De ella se obtiene un alcaloide denominado cantaridina que tiene una importante cualidad dilatadora de los vasos sanguíneos, lo que produce hinchazón, en el hombre erección prolongada. Avísenme si encuentran una de estas moscas, aunque no la maten, que si se enteran los antis se nos desnudan ipso facto, y Tarantino nos saca como los malos de su próxima película.


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