| |
Expediente novillero, nuevo artículo de Antonio Campuzano
Por Antonio Campuzano 26/05/2009 |
| |
A modo de sugerencia, quizá el asunto de las novilladas debería ser entendido en clave de formación, con su carácter académico, tal y como se entienden otras disciplinas del saber y del entender.
Las novilladas atraviesan delicados momentos de entendimiento por parte de la afición. Máxime cuando se incluyen en un abono como el de San Isidro, repleto de corridas de toros, con matadores y toros en sazón en muchos casos.
La combinación de los festejos de segundo nivel no se ve bien desde hace mucho tiempo. A modo de sugerencia, quizá el asunto de las novilladas debería ser entendido en clave de formación, con su carácter académico, tal y como se entienden otras disciplinas del saber y del entender. ¿Por qué no separar la estricta formación, como otros estudios, del desempeño profesional? Así, se impartirían ciclos de estudio, con predominio de las clases prácticas, en, por ejemplo, cuatro años, con inclusión en esas prácticas de experiencias curriculares con becerros, novillos y, al menos un año de toros cuajados, de cuatro años. Todo ello necesitaría del vencimiento de una enorme dificultad, que pasaría por la financiación de ese paso académico, que habría de ser pública o semipública, concertada. Ello acabaría con el despropósito de inicios de carreras de novillero con suicidios financieros de familias y apoderados que generalmente terminan en divorcios violentos.
Lograda la licenciatura o el grado, comenzarían las carreras ya profesionalizadas siempre que sea posible, naturalmente, al igual que en otros frentes profesionales de las artes, las letras, los oficios, las labores más diversas. Se daría un cierto equilibrio de posibilidades y expectativas a quienes emprendiesen vocacionalmente la trayectoria torera, sin necesidad de imponderables y obstáculos que proporcionan las grandes casas de apoderados o los taurinos aventajados en laminar las escasas economías de los novilleros mejor dotados.
Evidentemente, la reglamentación de índole académica de estas posibles salidas incidiría en el negocio taurino y en sus agentes, empresarios, propietarios de plazas de toros, apoderados, ganaderos. Pero redundaría en la formación de toreros, en este momento amparada muy al principio en las escuelas taurinas, cuyo protagonismo desaparece muy pronto en la vida del potencial torero arrostrando al futurible en un mundo huérfano de apoyos legales y lleno de abusos de imposible defensa. De este modo, el paso de novillero a matador de toros estaría mejor garantizado.
Comentarios
Sin comentarios
|
|
|
| |
|
|