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La interpretación según Esplá, nueva opinión de Antonio Campuzano
Por Antonio Campuzano 18/05/2009 |
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Esplá ha lanzado a quien quiera entenderlo un manifiesto de inquietud por lo que está sucediendo en el mundo del toreo.
De Luis Francisco Esplá, de quien daba gloria oir hablar a Ángel Luis Bienvenida –“luifranssisco” decía- se puede esperar casi todo, tanto en el mundo ascético de la vida real como en el mundo siempre romántico de la torería.
Ha pasado casi sin atisbo de realidad su inclusión en la feria de Abril sevillana, ya al final del abono, con una corrida de Fraile. Pasó recatadamente por Sevilla en lo que significaba su despedida de una plaza de la más alta representación. Al decir de alguna crónica, Esplá estuvo con pocas ganas de representatividad, algo así como ir al notario para dar cuenta de la última tarde con la que se tropezó en la ciudad de la exquisitez del toreo. Anduvo en la lidia con la naturaleza funcionaria con la que le cuesta caminar, mató sus toros, anduvo en quites con la necesidad reglamentaria que resulta obligada, dirigió la lidia. Pero no puso un solo par de banderillas. Dos silencios cosechó como dos identidades. Y hasta ahí podía llegar la broma. Cuando Esplá hace y dice eso es que quiere hacer y decir otra cosa. Esplá interpreta el toreo como casi nadie. Esos aldabonazos en la plenitud de Sevilla, como pudiera hacerlo en Madrid dentro de poco, tienen o deben tener una significación exterior que hay que estudiar, imaginar, traducir, de alguna manera.
El torero alicantino trasluce con su ausencia en el segundo tercio algo más que la falta de condiciones en un toro para ser objeto de banderillas. En medio de la alegría, en medio de la solemnidad de la plaza más rutilante del inicio de la temporada, Esplá opta por la pasividad, por la inercia, por la displicencia fuera de la intensidad del espectáculo. Malo, algo suena mal en la sinfonía del toreo. Hay que maliciarse algo, y algo que no va bien, en la armonía del asunto taurino. Algo quiere decir el icono de una naturaleza taurina singular y difícil de repetir. O el negocio, o la representación animal o humana del mismo. Algo no cumple con sus pretensiones. Esplá quiere decir algo. Esplá está implorando ser entendido. ¿Quizá quiere sentirse lejos de un espectáculo donde están demasiado lejos las pretensiones artísticas de las económicas ¿Tal vez quiere airear las incomodidades que le parecen los excesos de heroicidad, o precisamente lo contrario, la necesidad de publicitar los méritos de esa naturaleza?
El caso es que Esplá ha lanzado a quien quiera entenderlo un manifiesto de inquietud por lo que está sucediendo en el mundo del toreo. Madrid, otra plaza señera donde se ventilan modas y sacrilegios, espera otra manifestación de Luis Francisco Esplá a modo de testamento artístico. Hay que adivinar lo que nos quiere decir.
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