Orejita por faenita sin espadita, nuevo artículo-crónica de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 16/05/2009
 
Siguen las "mayorías" rotundamente minoritarias pidiendo orejitas que presidentes timoratos conceden. Y todo por faenas aceptables mal o muy mal rematadas con la espada. Ocurrió también en la novena de San Isidro
Orejita por faenita sin espadita
por Ricardo Díaz-Manresa
16-mayo-2009


Sigue la moda de orejas que se conceden sin tenerlas que conceder porque se sacan unos cuantos pañuelos (uno por cada cincuenta o sesenta espectadores) mientras que otros y también ellos mismos chillan. Se arma la algarabía, muchísimos espectadores se sitúan al margen, el presidente aguanta, los gritos arrecian, las mulillas no salen, tardan en aparecer un mundo y, en cuanto asoman, van a paso de tortuga para ayudar a que el clamorcito dure y aumente y, al final, el presidente da la oreja. Así seguimos. Los de Manuel Francisco insisten por la tele que ya tiene media puerta grande. Habrá que hacer lo mismo en el otro para alcanzar la otra media.. lEs el San Isidro de las orejitas

Y, como decía Díaz-Cañabate, ruede la bola de la propaganda. Y de la exageración, y de la injusticia, y de la debilidad y del conformismo. Y, en general, de las costumbres light. Y la de las “planas” en las revistas que te aclaman como triunfador de Madrid porque las mentiras muy repetidas siempre triunfan.

No sólo en Madrid. Me contó el presidente de San Sebastián que tuvo que llamar la atención a las mulillas varias veces porque su comportamiento era el mismo. Tardar lo más posible, salir muy despacio, dejar al presidente enfrentado a los vociferantes y siempre en un aprieto, incluso obligándole a dar alguna que otra oreja que no quería ni debía dar porque la presión lo desbordaba.

Bueno, pues esto pasó en Madrid en la novena de feria. Otra vez. Matías Tejela, que está en el buen momento acreditado en Sevilla, hizo una faena apreciable, limpia, armónica, templada, entusiasta pero sin volver loco al personal ante un enemigo que colaboraba, el sobrero de Fernando Peña.. Tras pinchazo y estocada caída, el toro se echó. Y ocurrió lo que ya les he contado, porque para el público –sobre todo si es el cautivado e invitado de los abonados paganinis- les importa un pito cómo caiga la espada sino que sea rápida la muerte. Esto ocurre en Las Ventas y mucho más en el resto de plazas de España y en todas las del mundo. En los otros dos cumplió. Matías debe insistir y logrará un triunfo auténtico porque se le ve confiado, consciente y más maduro.

De Ferrera se puede decir poco, salvo que puso su voluntad de siempre en banderillas y que lo cazaron pronto en la muleta, con cornada menos grave pero aparatosísima, con entrada y salida en la parte lateral del muslo. Aguantó hasta matar el toro. Un valiente.

El otro herido hacía 48 horas, Luis Bolívar, con el pundonor suficiente para salir a un compromiso en Madrid, se le fue la tarde por los toros y porque no estaba al cien por cien. Se veía claro.

Los de Cortés (Victoriano del Río-Los Bayones) no valieron un duro. O un euro. Y la tarde transcurrió ventosa y desangelada, a pesar de la orejita.


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