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Huid, que están en Madrid, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 07/05/2009 |
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Los del Canal menos tienen una espléndida realización y un equipo oral que hace lo que se cuenta en este artículo, y que se aprovecha del trabajo de Víctor Santamaría.
Huid, que están en Madrid
por Ricardo Díaz-Manresa
07-mayo-2009
Nos van a abrumar con no sé cuántas funciones. Los del Canal menos se acercan. Los tenemos aquí. Huid que están en Madrid, que han tomado Las Ventas, que nos van a bombardear otra vez.
Sé y objetivamente lo escribo que la realización es muy buena y que el tal Víctor Santamaría sabe lo que se hace y nos deja ver la corrida bien vista. Y que el cartel de la programación de cada día es variado y a veces hasta nos distrae y no nos deja aburrirnos. Pero esto es cosa de la técnica, que ha sabido extraerle el alma a la corrida y pasarnos los pálpitos. Supongo que será también idea de ellos algunas secciones cortas previas que enriquecen el conjunto.
Pero son dos equipos, el técnico, muy bueno, y el oral, bastante lejos del primero pero que se aprovecha de mala manera de este soporte que es la base de una buena televisión. Los de la verborrea dejan mucho que desear y es de los que hay huir.
Los que sigan al del bigote tintado se habrán dado cuenta de que tiene tres personalidades. En la televisión es uno, moderadito y cobista; en la radio otro, más duro (no me hagan mucho caso porque prácticamente no lo he oído) y escribiendo se las da de enterado y durillo si hace falta. Nunca sin pasarse, faltaría más. Y es una pena que tenga a Casas a su lado –pélate, hombre- y a esa buena persona que parece Cuberta, válidos los dos pero –claro- a lo que manden.
No va a pasar a la historia Manolo Caballero como comentarista y Antoñete, por mucho que lo ensalce, es como es. No se le entiende casi nada pero, al menos, es sincero cuando afirma que él siempre piensa en torero. No tiene la culpa de nada. Le trajeron el caramelo y se lo come. O el helado. No se si se habrán enterado los espectadores que se come un helado, bombón para más señas, antes de cada corrida. No lo ha dicho todavía su niño perdido.
Porque esa es otra. Se quieren hacer los protagonistas cuando los únicos que hay son los toreros y los toros. Y nos dicen cosas tan interesantes como que María José (¿) hace bien la pringá. No se dan cuenta que no pueden estar al margen del público, que paga dos veces –la cuota y la feria- por ver la corrida, lo que nos ofrece Víctor Santamaría, y no a ellos.
Después el del bigote tintado no se entera porque no se prepara, además de que no parece ver muy bien. Confunde a Raúl Adrada por Raúl Aranda, a Ferrera le dice Farrera, no sabe que El Fandi torea dos tardes en Madrid y dice que en Sevilla una como en Madrid (la de Las Ramblas) porque no tiene un cartel a mano ni se los sabe. Y vive de esto espléndidamente. Eso es respeto a los espectadores del canal menos. Y para respetarlos más se dedican a promocionar discos “como información” desde el palco de invitados, cada día más pobre, y hasta camisas y bolsos.
Para el aprendiz Caballero todos los toros que se dan la voltereta “se han partío” aunque después se levanten y corran a su aire, las entrevistar precorrida valen porque se ve el ánimo y el estado de cada torero, pero las del callejón obligadas son manifiestamente suprimibles salvo cuando haya noticia. Siempre tiene la culpa el toro que no se puede defender porque está muerto y no puede hablar y, porque aunque estuviera vivo, tampoco hablaría porque ya saben ellos que ningún toro habla. Preguntando además son letales : no se les ocurre decirle a Ponce cuando se queja tanto de los juampedros : entonces, ¿por qué vienes con esto?. Como la empresa está mal de dinero podrían poner un micrófono fijo en el callejón y que cada torero se acercara y dijera su discurso de que tenía genio el toro, se vencía, no se entregaba, etc
De los pitones, ni palabra porque –ya he dicho- no ven bien.
A los invitados del estudio –en el que tienen a Cuberta de quita y pon- según haya un invitado de más o de menos, se dedican al Coba para Todos. Ya vieron al teniente de Hermano Mayor de la Maestranza. Ni una pregunta de los escándalos, de los precios, de las incomodidades, de las nuevas obras, de todo lo que se cuece, del clamor contra la empresa. Sonría, por favor.
Por todo esto, y mucho más, huid que están en Madrid. Dejar a Santamaría y quitarles el sonido. Porque ni desde el “zofá”, que decía aquel sevillano gracioso del Domingo de Resurrección, tampoco hay quien los aguante.
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