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Manolillo de Valencia, uno de los buenos, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 06/05/2009 |
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Se fue un buen torero que consiguió que en lo carteles lo anunciaran como único banderillero de los seis toros. Un récord. Fue apoderado y aficionadísimo a esto. Y cuando estaba con la ilusión recién estrenada por ser de nuevo apoderado, la vida lo ha dejado ir.
Manolillo de Valencia, uno de los buenos
por Ricardo Díaz-Manresa
06-mayo-2009
Se fue otro de los buenos. Buen torero y buena persona. Había vuelto a la vida del toreo con la ilusión por Luis Vilches y la vida le ha quitado la vida y no le dejó saborear su segunda oportunidad. Se le veía feliz con el nuevo torero que tampoco le hizo feliz en Sevilla porque una buena faena fue emborronada por la espada y no hubo triunfo.
Le gustaban las sentencias y las frases rotundas. Remataba todos los favores que podía. A mí me hizo alguno, que le agradezco en el alma. Me enteré de su muerte por avancetaurino y tuve un trallazo de dolor. Por lo inesperada y porque cercenaba una ilusión que ha quedado completamente rota.
Eficiente, sonriente, complaciente, exhibía mucha nobleza este valenciano que se hizo madrileño. Hemos perdido a un hombre aficionadísimo a los toros y que los sentía desde lo más profundo del alma.
Le ví torear mucho en Madrid –siempre como subalterno- y era un muy buen profesional y muy lucido. Banderilleaba de verdad y brillantemente. Es el único torero al que leía en los carteles anunciado para poner los palos a los seis toros. O sea, en plan figura.
Incluso entonces, un pelín relleno, era un espectáculo verlo cuadrarse y salir del balcón con gallardía. Las ovaciones se sucedían y sonaban rotundas cuando Madrid era Madrid.
Tenía mis simpatías siempre. Cuando dejó los ruedos y trabajaba en la plaza de toros para la Comunidad nunca dejó su sonrisa y sus buenas palabras.
Era otro de los buenos. Por eso siento dolor ante su desaparición para siempre. Y le agradezco los grandes momentos que me hizo pasar como aficionado y el buen trato que me dispensó como persona.
Dolor por lo rápido que se ha ido, dolor por perder a uno de los que hacían falta aquí, dolor por Manolillo de Valencia, que ha dejado una buena estela que brilla ahora cada día con sus hijos en los ruedos.
Lo van a enterrar el día que comienza San Isidro. Qué puñeteras coincidencias nos ofrece la vida puñetera, que diría mi padre.
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