Esperanza muy taurina, nueva opinión de Ricardo Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 29/12/2006
 
No hablo de una virtud con tanta fuerza y futuro como la esperanza, sino de Esperanza Aguirre, que es la Presidenta de la Comunidad de Madrid que controla la Plaza de Toros de las Ventas, la gran catedral del toreo, la primera. Esperanza es familia de ganaderos ilustres y muy aficionada desde su andanada del coso del Espíritu Santo y del nada santo sino dañino viento.
Esperanza, que es una profesional de la política de muy altos vuelos, que apenas comete fallos, no acaba de acertar en el tema taurino. Se equivocó al elegir ?o su equipo- a Taurodelta para el 2005-2006, luego convertida en Taurovent con el ladrillero San Román incluído, y ahora han insistido en el error con la vuelta de Taurodelta, lo que ha provocado la querella criminal de Taurart, la opositora, la empresa de Casas, contra el vicepresidente de la Comunidad, que es el que torea en esta plaza, y el Consejo Taurino.

Bueno, Esperanza, Taurodelta, la de la revuelta, la de las combinaciones infumables de 2005 y 2006, puede incluso hacer buenos carteles durante la temporada 2007 y arrepentirse de las horrendas cartelerías, fuera de San Isidro y Aniversario, perpetradas. E incluso puede hacer otra cosa, que es por la que estoy escribiendo este artículo: sacar de una forma racional los nuevos abonos existentes de los que no renuevan en San Isidro y Otoño.

El tema ha tenido tres fases: Primera, los reventas copaban los puestos, llenaban la cola de gente de su confianza, se quedaban con todo lo que salía, e incluso vendían ?la vez? por casi un centenar de euros, con lo que todos los abonos -así así- que salían iban a sus manos. Para el simple aficionado no quedaba ni agua fuera a aspirante a abono nuevo o a mejorar los que ya tenía. La segunda ha sido la presencia de la policía para intentar ordenar la cola y abortar discusiones y líos. Y la tercera, la actual, consiste en que cuando la policía del distrito está informada de que hay cola, dos días, medio, uno y medio o tres antes de la fecha para la expedición de nuevos abonos, aparece y pide los carnets de identidad de los colantes, da números y hace una lista?con lo que los reventas ya están supercolocados y el aficionado simple se queda con lo peor si es que llega. El día de la renovación la policía saca su lista y coloca la cola según los números adjudicados y con el DNI del aficionado en la mano. Es esta fórmula mucho más civilizada y lógica pero poco efectiva.

¿Solución? Anunciar que van a dar números a partir de tal día, a tal hora, en tal oficina y así todos tendrán la oportunidad ?reventas y no- de ir al sitio sin que sea necesario hacer colas de noche o tenerse que poner detrás de los reventas que llevan a un grupo importante a horas intempestivas para que la policía se entere y vaya a confeccionar la lista. Aunque el que llegue primero -reventas por supuesto también- se los llevará.

El otro problema, que conocerá Esperanza Aguirre, es que -¡mecachis en la mar!- ninguno de los abonados con buenos abonos renuncia para que lo pueda adquirir otro sino que casi todos son de sol, malos, o de las andanadas de sol o similares, de la parte alta, of course. Lo sé porque he estado los dos últimos años recabando datos para poder escribir con solvencia e?intentando procurarme otros mejores de los que tengo. Misión imposible.

Y ya le digo: o nadie deja de renovar los abonos nuevos o?se pierden en el camino. Ya ve, Presidenta Esperanza, ya ve. ¿Ocurre sólo una cosa o las dos? Esperanza, danos esperanza e incluso fe para creer en el sistema y caridad para apiadarnos de este grupo de desesperados sin posibilidad de adquirir un buen o regular abono.

Y por ideas que no quede, en San Sebastián y más o menos también en Málaga, a los abonados le envían una carta a primeros de año por si quieren renovar y, en ese caso, les indican el número de una cuenta corriente para hacer el ingreso correspondiente. Y después un mensajero le lleva las entradas a casa. Aquí, primero tiene que estar uno muy atento para que no se te pasen las fechas. Después, aguantar la cola ?poca, es la verdad, si va uno a horas estudiadas- y mojarte si hay lluvia o asarte si hay sol. Un poco de comodidad, Presidenta Esperanza, para abonados y aspirantes. Y dígale a la empresa que para las corridas sueltas no obliguen durante todo el año a ir por las entradas de abono cuatro o cinco días antes. ¡Que con tanto tiempo nadie hace su agenda!

Y piense que los aficionados a los toros ?creo- también votan.

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