¿Todo por la pasta?, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 13/04/2009
 
El dineral pedido por José Tomás por torear en Madrid era, precisamente, la excusa para no torear en Las Ventas.
¿Todo por la pasta?

Evidentemente. Hoy en día, prácticamente todo se hace por pasta, por dinero ¿Todo? Todo, aunque para ello haya que renunciar a algo.

Mucho se ha hablado, escrito y discutido sobre José Tomás y el dineral que cobra. Mucho se ha hablado, escrito y discutido sobre José Tomás y lo que ha pedido por torear en Madrid. Y si hay algo que parece claro y palmario es que se ha pedido esa cantidad -más de cuatrocientos mil euros, dicen los más enterados que ha exigido por hacer el paseíllo en Las Ventas- precisamente para no torear en la plaza madrileña.

La razón es muy sencilla: es prácticamente imposible repetir lo que allí hizo el año pasado. Y este año no superar aquel listón se tomaría por un fracaso, por lo que lo mejor es no acudir a la cita venteña. Y para no decir que no directamente, para no decirlo demasiado claro, se descuelga con una exigencia económica -llevándose él solo la recaudación de taquilla y sin permitir que se televise el festejo- que lleva implícita la respuesta y la consecuencia que él pretende: no se puede pagar ese dinero y, por tanto, no se torea en Madrid. Así de fácil.

La estrategia diseñada por José Tomás y su entorno ha sido estudiada al milímetro y no se ha dejado ningún cabo suelto ni nada al azar. Su reaparición no tenía otro objetivo que forrarse, llevárselo, que dicen los taurinos. Y para eso, el año pasado se tuvo que poner en un sitio -donde dar un muletazo era echar una moneda al aire- en el que estaba asegurada la voltereta y la emoción que genera el peligro.

Se creó la expectación y, pagando su precio en cornadas y golpes, logró que nadie quedase indiferente a sus actuaciones. También se supo vender su tirón -aunque muchas veces fuera ficticio el que se agotaban las localidades para verle- y a su reclamo se inflaron abonos y ferias... y se quitó dinero a toreros modestos para pagar a quien más pedía.
Pero para que todo eso tuviese consistencia no había mas remedio que dar la cara en Madrid. Y la dio, aunque se la partiesen. A partir de ahí ya se podía empezar a recoger. Y una vez todo sembrado, ya no interesa volver a tentar la suerte.

Esta temporada ya no se está viendo al torero que parecía buscar la cornada, citando en distancias imposibles y sí al diestro que en la segunda mitad de la última década del pasado siglo asombró y entusiasmó con su toreo, aunque ahora decepcione a quienes buscaban el susto o el poder decir “yo estuve en la corrida en la que un toro mató a José Tomás”. Y aunque sea tan legítimo como recomendable -quien quiera tocarlos ya sabe un nuevo método-, ese espectador también podría presumir de haber estado en una corrida en la que todo se hacía por la pasta.

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