José Tomás tampoco torea con Keynes, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 02/04/2009
 
Las empresas, para no hacer agravios con el resto del escalafón, debería colocar a José Tomás en festejos fuera de abono y con precios especiales.
Que José Tomás es uno de los grandes alicientes de la temporada es algo que no admite duda ni discusión. Su nueva actitud -que es la vieja: al retrasar su planteamiento del muletazo, dando distancia lógica al toro y descartando el dontancredismo y el revolcón obligado e inevitable, permitiéndole conducir y dominar la embestida, le sitúa al nivel del mejor José Tomás de siempre, el de los años 1996 a 2000- le convierte en uno de los diestros más interesantes y atractivos de ahora mismo -más aún que en las dos temporadas anteriores, pese a que la ausencia de drama y susto en sus últimas actuaciones haya decepcionado a sus más recientes seguidores, muchos de los cuáles habían descubierto a este torero en su última reaparición- y su sólo nombre provoca enorme expectación y demanda de entradas para sus actuaciones.

Sin embargo, sus elevadas pretensiones económicas frustran aquella ilusión del público puesto que no es fácil verle en cualquier plaza. Algo, por otra parte, plausible, pues las grandes figuras deben administrar sus intervenciones y no prodigarse para no quemar su tirón. Pero una cosa es que no se deje anunciar en cualquier feria de pueblo y otra es que no vaya, por ejemplo, a Madrid, Bilbao, Sevilla... Y que tampoco se mida con sus pares.
Para la fiesta de los toros sería una bendición que en un mismo cartel se anunciasen Ponce, José Tomás y El Juli, por ejemplo, o José Tomás, El Cid y Perera, o Ponce, José Tomás y Perera, o José Tomás, Morante y Cayetano, o José Tomás, El Juli y Manzanares... pero el dinero es una barrera insalvable. Y lo es, principalmente, por las elevadas pretensiones del torero de Galapagar. Que, naturalmente, está en su derecho de exigir, pero siendo consciente de que su exigencia debe corresponderse con las circunstancias y realidad de la plaza en la que se contrata.

Por principio pienso que no hay dinero para pagar a un torero, pero, para un profesional, llevarse cincuenta millones de pesetas en un coso cuyo aforo es de sesenta, sin permitir que haya televisión ni otro tipo de esponsorización, supone hacer perder dinero al empresario, o hacer que este no pague en la medida que corresponde a otros toreros que conforman y completan el abono.

Desde luego en el mundo de los toros, John Maynard Keynes, el ilustre economista inglés, es un perfecto desconocido. Lo que es una pena. La economía keynesiana se centra en el análisis de las causas y consecuencias de las variaciones de la demanda agregada y sus relaciones con el nivel de ingresos.

Y con la teoría de Keynes en la mano, contratar a José Tomás exige varias medidas que hasta ahora nadie ha adoptado. Si se descarta definitivamente la aportación de la televisión -y se quiere evitar el agravio a sus colegas más modestos, claro: si se sigue permitiendo que haya un montón de toreros a los que se recorta ingresos para pagar una fortuna a otro, entonces mandamos a la hoguera la economía de mercado- habría que sacarle fuera de los abonos e incrementar el precio de las localidades de acuerdo a los honorarios que haya que satisfacer. Y que, entonces, quien quiera verle, que pague lo que pide.



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