El asunto Barcelona, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 19/12/2006
 
Los toros pueden tener sus días contados en Barcelona si se confirma el rumor que apunta a la decisión d ela familia Balañá de convertir la Monumental en sede de un mercado ambulante.
Los aficionados de Barcelona ven con temor creciente y real que se quedan sin toros. Se rumorea que la Monumental puede cambiar su función y de acoger festejos taurinos, para lo que fue concebida y construida, puede pasar a ser sede de un mercado ambulante. Triste destino de uno de los edificios más bellos de una ciudad que presume, y con razón, de ser sensible a la belleza.

Y como el rumor es la antesala de la noticia, tienen motivo para la preocupación los que gustan de los toros en la ciudad condal. Porque nadie les va a defender en su legítimo derecho a disfrutar de una de sus aficiones favoritas. Los políticos, unos por que andan como locos por que este espectáculo -al que consideran ¿español?, lo cual es un despropósito, una estupidez y una vergüenza: efectivamente, es español, como la propia Cataluña- desaparezca de lo que ellos consideran ¿su? nación, y otros por miedo a perder votos, por no ser considerados políticamente incorrectos o por pusilánimes, no van a mover un dedo en la defensa de unos intereses tan legítimos como cualquier otro de un ciudadano catalán.

Pero la culpa no hay que cargarla sólo sobre el lomo del político. No poca responsabilidad de lo que pasa con los toros en Barcelona la tiene el empresario de aquella plaza, cuya gestión al frente de la misma no ha servido sino para dar motivos a que la gente desaparezca de los tendidos y los detractores de la fiesta taurina tengan más argumentos en pro de la desaparición de los toros: a la gente no le interesan los toros.

Sí que interesan, claro que sí, como de siempre ha ocurrido. Pero no interesa cualquier cosa. Y la familia Balañá, en los últimos treinta años, apenas se ha preocupado de cuidar de su negocio ni de los gustos de su clientela, ofreciendo una programación que, salvo excepciones, no atraía más que a turistas japoneses. Y ahora se venden por un plato de lentejas. Con butifarra, claro.

Una vez más se tiran piedras contra su propio tejado y se confirma la sospecha: serán los propios taurinos los que terminen de una vez por todas con los toros en España.

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