| |
Paco Martínez. Artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 02/03/2009 |
| |
Va por todos esos aficionados anónimos que estas Fallas no volverán a ocupar una localidad en la plaza de toros, y por quienes pululan por nuestra geografía taurina haciendo bien y dejando una huella imborrable.
Se fue sin decir adiós. Quizá así haya sido mejor. No soy bueno para las despedidas; no me gustan; se me hacen largas; nunca sé muy bien qué palabras emplear, cuáles son las más oportunas. Además, si hubiese sabido que se marchaba irremediablemente no lo hubiera entendido y me habría revelado en vano. Así, he recibido la noticia de su marcha como un jarro de agua gélida, congelada; como un golpe seco que te hiela las entrañas, sin más remedio que aceptar su pérdida sin derecho a reclamación, con un vacío en el alma que te deja aturdido, sin palabras, sin aliento.
Una encastada neumonía le asestó una cornada mortal cuando ya parecía estar lidiada. Me enteré de su fallecimiento tarde, demasiado tarde para despedirme de su cuerpo. Parte de los cientos de amigos que tenía le acompañaron en un multitudinario sepelio en el que yo no estuve. Pero estoy seguro de que eso poco le importará al bueno de Paco Martínez. ¿Qué quién es Paco Martínez? Paco Martínez es el aficionado anónimo; anónimo fuera de su término municipal, porque dentro de él era un protagonista imprescindible.
Paco era el que más se ilusionaba con la llegada de la feria taurina de su pueblo, el que se preocupaba de reservar y recoger los abonos de los amigos, el que buscaba acomodo para los visitantes, el que te ofrecía un café en cuanto acababas de correr el encierro, el mismo que por la tarde no se perdía un festejo ataviado con su ya inolvidable pack taurino: sombrero cordobés y bota de vino.
Paco era joven, demasiado joven y sano para perderse las ferias de estos próximos años. Rondaría los setenta, pero tenía una vitalidad ejemplar y una juventud interior envidiable. Era todo un personaje de la Semana Taurina de Algemesí, y el alma matter de las fiestas de Sant Antoni de su barrio. Echaré de menos que me despierte cada primero de mes para avisarme de que debo cambiar el coche de acera y aparcarlo al otro lado de la calle antes de que se lo lleve la grúa. Por cosas como esa y por gente como Paco me siento orgulloso de ser de pueblo. Paco te calaba con su personalidad, te transmitía su ilusión por vivir, te impregnaba con su aroma... y confirmaba que en los agitados tiempos que corren sigue existiendo la buena gente.
Paco era parte de ese público necesario para que se llenen las plazas, y este artículo no quiere sino rendirle un modesto homenaje a él y a todos esos aficionados anónimos que estas Fallas no volverán a ocupar una localidad en la plaza de toros. A Pilar García, esposa del corralero de la plaza de Valencia, que nos dejó en la flor de la vida; a Gregorio Fraile, secretario también del coso valenciano, y a su esposa y a su hija, que perdieron la batalla contra un virus tan extraño como agresivo. Va por ellos y por todos los Pacos Martínez que pululan por nuestra geografía taurina haciendo el bien y dejando una huella imborrable. Larga vida.
Comentarios
Sin comentarios
|
|
|
| |
|
|