Mirando el euro desesperadamente, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 20/02/2009
 
Los empresarios de la cosa taurina parecen ajenos a los gustos del público y sólo atienden a su cuenta de resultados.
avance No han sido pocas las voces que se han alzado en Valencia clamando contra las combinaciones que Serolo ha confeccionado para componer la feria de fallas. También hubo voces de protesta en Castellón y disgusto en Sevilla ante la ausencia de sus carteles de varios de los más atractivos nombres de la torería actual.

Se nota la crisis y que los empresarios han optado por amarrar y jugar a la defensiva. Pero, claro, defendiendo sus intereses, fundamentalmente económicos, sin importarles gran cosa el público, que es quien les paga.
No se han parado a pensar qué es lo que quiere la gente que acude a la plaza, ni preguntando qué es lo que interesa.

En Valencia han diseñado una feria de fallas de muy largo metraje para un muy leve contenido, mirando que el total del abono compense las más que presumibles pérdidas que generarán los, a priori, dos únicos carteles rematados del serial.
En Castellón, aunque también hay ausencias significativas, la situación es más comprensible, al ser una feria de segunda, con clientela más o menos fija y con explicación lógica a la no contratación de los ausentes: Ponce no quiere ir, con Morante están en los tribunales y ni El Juli ni Castella justifican sus pretensiones en taquilla.
Lo de Sevilla, en cambio, no tiene una explicación razonable, al tratarse de una feria de muy primer orden y una de las primeras plazas del mundo, obligada, como Valencia y no como Castellón, a programar lo mejor del momento y a contratar lo más distinguido del mercado. Pero también aquí se ha preferido el que ladren y cabalgar con pasta en las alforjas.

¿Por qué obran así unos empresarios que, se supone, se deben a sus clientes? Fundamentalmente por que no hay mentalidad ni estructura empresarial, buscando sólo el beneficio simple y directo: monto una feria y la gente tiene la obligación de ir, les guste o no lo que ofrezco. ¿Qué empresario hace un estudio de mercado para tener la certeza de programar con arreglo a los gustos de los aficionados a los que sirven? ¿Cuál busca otras vías de financiación que no sea exclusivamente la taquilla? ¿Quién considera la publicidad como inversión y no como gasto?

También es verdad que las figuras se han encastillado en unas pretensiones muchas veces infundadas e injustificadas, lo que obliga las más de las veces a que sus retribuciones salgan de mermar las de sus colegas más modestos, a los que las empresas utilizan a modo de carne de cañón. Y que la administración no ayuda para nada, más bien al contrario. Y que el espectáculo taurino es el más gravado por impuestos. Y que los arrendamientos de plazas se han disparado -en buena parte por la codicia y afán de acaparar de los propios empresarios- y que los propietarios de esas plazas, generalmente ayuntamientos y diputaciones, prefieren que sean empresas privadas quienes las exploten en vez de ir a la gestión directa. Por ejemplo.

Pero no es menos cierto que nadie trata de cambiar el status quo y que aquí todo el mundo sólo mira el euro y prima el pan para hoy y ya veremos mañana. Y que el que venga detrás, que arrée.

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