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Una paloma gorda como una gallina. Artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 18/02/2009 |
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Los gerentes de algunas plazas de toros parecen haber hecho ínfimo esfuerzo a la hora de configurar los carteles de las primeras ferias de la temporada. Combinaciones baratas y exiguamente ingeniosas que pueden ahuyentar, no sólo a probables inversores, sino a posibles clientes, público.
Gorda como una gallina. A no ser por su grisáceo pelaje, hubiese jurado que la paloma con la que me he topado esta mañana por la calle era una gallina. Ignoro si era capaz de elevar su generosa anatomía. Sólo he podido comprobar como corría al más puro estilo luchador de sumo para evitar mis pasos.
No sé muy bien por qué, pero lo primero que me ha venido a la cabeza tras observar su magnánimo volumen, ha sido la tan manida crisis. Será porque es el tema estrella con que nos vienen bombardeando todos los medios a todas horas. Lo cierto es que al verla me he dicho: “esta oronda paloma nada sabe de la crisis”. Al contrario, ella, yendo a lo suyo, picoteando minucias de aquí y de allá, estaba más rica que nunca. Sin embargo, para el resto del mundo andante la crisis está muy presente.
Es una crisis un tanto rara, la verdad. Muchos la están sufriendo en sus carnes de forma cruel, y otros, menos afectados, se escudan en ella para sacar tajada en un futuro. Que marcas y empresas inviertan en la Fiesta de los toros siempre ha sido misión complicada. Habitualmente se han escudado en un extraño pudor que les impedía publicitarse en el tema taurino. Les importaba más el “qué dirán” unos pocos ruidosos, que el impacto mediático que podían lograr en el segundo espectáculo de masas de este país.
En las últimas temporadas se están vendiendo en España casi 10 millones de localidades de media por año. Sólo en nuestra Comunidad se celebran anualmente 180 festejos taurinos. ¿No es eso un buen escaparate publicitario? Seguro que lo es. Pero por si no tuviésemos bastante, la trillada crisis actual está sirviendo de freno para contener aún más posibles inversiones publicitarias en área taurina.
Y siendo eso preocupante, más me inquieta la desidia, digamos el poco esfuerzo, que parecen haber empleado los gerentes de algunas plazas de toros a la hora de configurar los carteles de las primeras ferias de la temporada. Combinaciones baratas y exiguamente ingeniosas que pueden ahuyentar, no sólo probables inversores, sino posibles clientes, público.
La crisis hará que muchos aficionados se vean obligados a elegir un número menor al de otros años de festejos a los que asistir. Por eso es tiempo de esfuerzos. De esfuerzos de los toreros, por supuesto, que deben tener en cuenta que es impepinable que congelen sus honorarios, incluso en algún caso que los revisen a la baja, y tiempo de esfuerzos empresariales. Si quienes rigen las plazas no apuestan por una inversión de futuro las consecuencias pueden ser nefastas. No se puede rebajar el atractivo de los carteles si no se rebaja el precio de las entradas, y eso no va a ocurrir ¿verdad? Cuando todo es boyante es fácil dejarse ir sobre ruedas, pero es en tiempos difíciles cuando los astutos aventureros salen a flote.
Esta mañana vi aquella paloma gorda como una gallina y me acordé de la crisis, y de cómo los buenos agentes de márqueting y publicidad saben invertir un poco aquí y un poco allá para no dejar que sus empresas caigan en el olvido en tiempos difíciles; y luego me acordé de los toreros y de los empresarios taurinos. Ya ven lo que da de sí una oronda paloma.
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