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El feminismo taurino y la Cintrón, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 18/02/2009 |
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En la muerte de Conchita Cintrón, tenemos que recordar a esta mujer como figura internacional de la tauromaquia. A caballo y a pie supo entender y hacer entender lo que era el feminismo y la feminidad en los ruedos.
El feminismo taurino y la Cintrón
por Ricardo Díaz-Manresa
18-febrero-2009
Conchita Cintrón fue un ejemplo de feminismo cuando no había feminismo. Mejor dicho, un ejemplo de feminidad, que eso sí que ha existido desde que el mundo es mundo. No le hizo falta enarbolar ninguna bandera contra los hombres, tuvo sus dificultades en un mundo como aquel y en aquéllos años, pero salía a la plaza y su belleza, su feminidad, su elegancia, su profesionalidad y su competencia demostraban que era una gran mujer y una gran rejoneadora. Era suficiente porque la verdad se impone incluso entre los ambientes más adversos. Conchita Cintrón fue un ejemplo de mujer y de torería, de hembra torera.
El feminismo del siglo XX, que continúa, está desenfocado. La Naturaleza es suprema y, por mucho que le demos vueltas, en primavera las hojas nacerán otra vez verdes, como siempre, no azules ni moradas. Al hombre lo hizo Dios más fuerte físicamente que la mujer y hay que adaptarse a esta circunstancia y admitirla. Conchita Cintrón parece que tenía esto muy claro y defendió su puesto. El puesto que podía. Con sensatez y señorío.
Por algo hay tenis femenino y masculino y no se enfrentan los dos sexos. Igual en fútbol. Lo mismo en atletismo. Y en tantos deportes. Tuvieron que bajar el nivel de actividades físicas necesarias para determinadas profesiones –creo que policías, aviadores, militares etc- para que las mujeres pudieran entrar. Ahora se han empeñado en ser portadoras de tronos en las procesiones de Semana Santa, pero llevando, en los sitios en que lo hacen y algunos que conozco muy bien, tronos o pasos que pesan la mitad que los de los hombres. Incluso algunas ya quieren que el grupo de porteadores sea mixto, pero como, en general, las hembras son más bajas que los varones, será difícil que todas lleguen a la vara y poder repartir el peso. Algunos picarones se frotan las manos y piensan que al ir tan juntos se lo van a pasar muy bien. “No me importa llevar el peso de ella si no llega a la vara”. En fin, esto es sacar los pies del plato, A las mujeres, puertas abiertas para todo lo que puedan hacer en igualdad real con los hombres.
En el toreo, la fuerza es fundamental. Una vez Maribel Atienzar, la albaceteña, que toreaba bien, no podía descabellar en la antigüa plaza madrileña de Carabanchel y recuerdo que Antonio José Galán le ponía un dedo al novillo indicándole donde dar el golpe con el verduguillo. Ni por esas. Al final, Cristina Sánchez lo dejó porque no podía competir, además de por sus limitaciones artísticas y, cuando pretendió reaparecer, nadie le hizo caso.
Si hubiese un número suficiente de toreras, que no lo hay, sería bueno para el espectáculo el toreo femenino, la competencia entre las mujeres. En su tiempo, Conchita Cintrón actuó en Europa entre el respeto general, subida a un caballo, ya que a pie estaba prohibido para las de su sexo. Supo saber estar y moverse entre las líneas que podía y pudo ser torera de a pie en su Hispanoamérica.
Y le sobraba afición, que vimos cada vez que hacía declaraciones para la prensa o aparecía por los platós de televisión. Esa afición que le falta a determinados críticos y que tan acertadamente refleja el querido compañero Francisco Picó, en un artículo que me ha dedicado y que le agradezco muchísimo.
Era necesario y de alta justicia poner estas cosas en claro en la hora de la muerte de Conchita Cintrón, una mujer a la que recordaremos siempre porque supo estar en su sitio y ganar mucho terreno para las que vinieron después.
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