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Las verdades de Patón, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 12/02/2009 |
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El Juli se ha quedado fuera de la Magdalena, según el empresario Patón, porque exige más de la gente que lleva. Como Morante y como algunos otros.
Las verdades de Patón
por Ricardo Díaz-Manresa
12-febrero-2009
Dentro del oscurantismo del empresariado taurino, no es muy frecuente oir a profesionales como Enrique Patón decir verdades o, al menos, lo que él, con sinceridad, estima como verdades. En este caso, y tras la ausencia del Juli en Castellón, además de las de Ponce, Morante y Castella, ha hablado claro sobre el tirón popular y taquillero de El Juli, situación, por otra parte, que me he hartado de repetir aquí. Y Patón dijo en voz alta lo que otros muchos susurran por lo bajini : no lleva gente a la plaza, ha perdido el tirón popular y debe exigir de acuerdo con lo que aporta.
Julián gusta mucho a los críticos, que siempre tildan de importante o de técnicamente perfecto su trabajo. Pero los críticos no pagan y muchísimos de ellos no vuelven a pisar una plaza después de dejar de serlo y, por tanto, siguen sin pagar. Algún día contaré la historia de varios cronistas que, una vez retirados de la tarea, no volvieron a una plaza y ni siquiera a ver el espectáculo por televisión. Incluso ni a hablar de él con los amigos o en casa. Porque, lo dejo apuntado, muchos de los llamados informadores no tienen afición a esto. Y se ve por lo que escriben o hablan.
Admiro al Juli como persona, lo veo muy maduro, equilibrado e inteligente, a tenor de las declaraciones que hace en prensa y en emisoras de radio y televisión, con argumentos muy valiosos. Son los únicos datos que tengo para valorarlo.
Una vez un niño cayó en la plaza –el Juli- y los medios informativos –no sé movidos por quien- se abalanzaron y lo pusieron en primera fila. Respondía con sus lopecinas, sus banderillas entusiastas y su muleta rápida y retorcida, como su pequeño cuerpo, y enervaba a las masas. En plazas de primera cortaba orejas sin dar un muletazo limpio.
Pasó el tiempo, cambió de estilo, se hizo torero más serio, no había una concesión a la galería y lo serio se convirtió, si no en triste, sí al menos en poco atractivo, salvo sus cualidades técnicas, tan entusiásticamente cantadas por gran parte de escribidores y sobre todo alcachoferos –en las que no voy a entrar en este artículo- pero que no eran captadas por los paganos. Algunos lo consideran un torero muy técnico, sí, pero retorcido y con ventajas a la hora del muletazo. Tampoco voy a discutir esto, sólo a dejar constancia de lo dicho por Patón : no lleva suficiente gente a la plaza para pedir lo que pide. Otra cosa es que sea un profesional concienzudo, entusiasta y muy amante de lo que hace.
Que es lo mismo que le ocurre a Morante, que se quiere vender por más de lo que vale. Ya lo he repetido varias veces y quede constancia una vez más porque Patón también se ha referido al de la Puebla en esos términos.
Estos toreros podían ir a un porcentaje de taquilla, a una cantidad fija que se aumentaría o disminuiría de acuerdo con la entrada obtenida e incluso podrían hacerse empresarios para comprobar su fuerza real.
Lo único malo de esta película es que en tiempos de crisis se puede aumentar haciendo carteles malos, porque estos toreros deberían ir por lo que valen e incluso pensar –ellos y el empresario- que hay mucha gente que, aunque quiera, no podrá pasar en estos tiempos por taquilla. Eso debe valorarlo también Patón, aquel torero catalán y desgarbado, que sabía decir muchas más cosas fuera que dentro de la plaza, que aceptaba las críticas –algunas mías- con deportividad y sonrisas y que después se hizo figura fuera de los ruedos.
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