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En todas partes cuecen habas, nueva opinión de Paco Delgado.
Por Paco Delgado 21/01/2009 |
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A este lado de la barrera nos quejamos, por poner un ejemplo, de que se ha sobredimensionado el papel de José Tomás y se ha hecho de menos lo llevado a cabo por otros diestros, especialmente Miguel Angel Perera.
Si muchas veces nos rasgamos las vestiduras y nos tiramos de los pelos por que lo que leemos, vemos u oimos no coincide con nuestro criterio o manera de ver la vida, no crean que eso sólo pasa en el mundo de los toros, aunque parece que aquí la cosa se nota mucho más o se le da más trascendencia de la que, a lo mejor, tiene.
Si nos asomamos al universo de la pelota, mimado por los medios de comunicación y administración -que no duda en quemar dinero del contribuyente en aras no de un púbico fiel y devoto, sino de unos dirigentes que se han revelado como ineptos y muchas veces merecedorers de penas mayores- el panorama no es mucho más alentador.
A este lado de la barrera nos quejamos, por poner un ejemplo, de que se ha sobredimensionado el papel de José Tomás y se ha hecho de menos lo llevado a cabo por otros diestros, especialmente Miguel Angel Perera, pero si bajamos al césped, se te ponen lo pelos de punta, después de ver un partido en el que el Real Madrid, el club al que Calderón -este, afortunadamente, ya fuera- y Mijatovic pretenden hacer desaparecer, se ha llevado los puntos por lo pelos y más a trancas que a barrancas, al escuchar, y leer en más de un rotativo, que se pregunta a una especie de fantoche con bigotito a lo Torrente, dientes de conejo, pelo de muñeca y que lleva diez años sin dar una patada a un bote, que si tras ese glorioso triunfo se prefiere ganar la liga o la copa de Europa, cuando en la primera competición están a ¡15! puntos del líder y en la otra a una eliminatoria de irse a la calle.
Cómo se puede pretender semejante disparate de un equipo en el que él único jugador que merece estar en su plantilla es el portero y cuando se tiene como sostén, soporte y alma a esa especie de fantoche con bigotito a lo Torrente, dientes de conejo, pelo de muñeca y que lleva diez años sin dar una patada a un bote.
Pero nada de esto es nuevo. Ya Diógenes lo experimentó cuando tiró lejos de si los hierbajos de los que estaba harto de alimentarse y vio a otro, más pobre todavía, arrojarse sobre ellos con tanta desesperación como alegría por recibir tan inesperado, para él, manjar.
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