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El lenguaje taurino, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 15/12/2006 |
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El tan rico lenguaje taurino, y que tanto ha aportado ala lengua española, empíeza a sufrir algunas graves perversiones.
Uno de los elementos más importantes de la tauromaquia, que ha ayudado a distinguir y diferenciar la fiesta de los toros de otros espectáculos es, sin duda, el lenguaje que lo caracteriza y que ha supuesto una importantísima aportación a nuestro idioma. Un detalle que pasan por alto, quizá por desconocimiento, los antitaurinos -que también ignoran que una corrida de toros no es otra cosa que una representación de la vida, aspecto que, desde luego, legitima su celebración y pervivencia- y los autodenominados ecologistas, quienes, además, pretenden la prohibición de una actividad cuya desaparición llevaría aparejada la de esa especie que dicen proteger, pues el toro -el toro de lidia- es un animal artificial, creado y criado exclusivamente, sin otra utilidad que ser toreado en una plaza.
Es por ello que conviene cuidar y preservar ese lenguaje que, a diferencia del que utilizan los comentaristas deportivos -que están contribuyendo espléndidamente a confundir y entontecer al oyente o al lector: ¿qué es eso del doble pivote, del palo corto, del Mílan o del balón dividido?- tanto ha dado al idioma español. Dar una larga cambiada, coger al toro por los cuernos, apretarse los machos, en todo lo alto, recibir un puyazo... son giros que han sido ya incluidos en el uso común y corriente no sólo de los castellanoparlantes, que son más de 400 millones de personas, que se dice pronto. Por no hablar de la aportación debida a crónicas de gente como Corrochano, Cañabate o nuestro amigo Barquerito, por no hacer larga la lista.
Ahora que están de moda los cursos de periodismo taurino sería conveniente no sólo que se instruyese al futuro cronista en la historia y técnica del toreo; en las peculiaridades del toro o en la ciencia de la lidia. Hay que enseñarles a hablar y escribir corectamente el lenguaje de los toros y poner un cero bien grande y redondo a los que digan entipado, lleno en los tendidos, encerrona o que tal o cual diestro, como recompensa a su faena, saludó. El saludo es la correspondencia del torero a la ovación con que el público le premia.
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