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Obama, la crisis y los toros. Artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 20/01/2009 |
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La gran esperanza negra llega a la Casa Blanca. Que nadie piense que es la panacea contra la crisis, y menos en lo que a toros se refiere. Es tiempo de adecuarse a la verdadera demanda de festejos… y de tomar nota para el futuro.
Hoy ha tomado posesión de su cargo el nuevo presidente de los Estados Unidos. Es una fecha histórica. El primer presidente negro en la Casa Blanca. Tiempo de crisis mundial, aunque no lo parezca a tenor de las costosísimas celebraciones que se suceden en honor a Barack Obama. Washington no ha escatimado esfuerzos económicos para dar la bienvenida a lo que muchos han tildado ya de ‘nueva era’. Todo parece que irá mejor a partir de ahora, todo color de rosa. Hasta Michelle Obama, la primera dama, lucía belleza y buen tipo según los estilistas y los periodistas que cubrían la noticia. Lo que da la popularidad.
Pero la realidad es otra, y por mucho que algunos esperen que el sueño de Luther King obre el milagro y desaparezcan los apuros económicos, el camino por delante es largo y duro. No creo que Obama tenga la varita mágica para solucionar los problemas financieros del planeta, ni siquiera para sacudirse con relativa celeridad los propios de su país. Así es que me parece un craso error esperar sentado a que la Casa Blanca blanquee nuestros problemas.
Y mientras muchos miran con esperanza hacia los Estados Unidos, yo miro con desaliento mi libreta de ahorro, preocupado porque en apenas unos días me cargarán los abultados gastos navideños que la sufrida tarjeta permitió. La cuesta de enero va a dar paso al puerto de febrero, un auténtico Tourmalet que a más de uno se le va a atragantar. Así es que con Obama o sin él, la generalizada desaceleración económica seguirá repercutiendo en todo cuanto nos rodea.
Y no se va a escapar el mundo de los toros, que ya el año pasado vio como descendía el número de corridas celebradas en plazas de menor categoría. No fue eso mala cosa, pues regularizó y normalizó un tanto el mercado taurino que en las últimas temporadas había disparado la celebración de festejos sin el fuste necesario para que la Fiesta tenga la entidad que le da importancia y la justifica. Pero tampoco sería bueno que siguiese creciendo esa tónica, y que acabaran dejando de organizarse ferias y fiestas tradicionales. A los empresarios que se queden de brazos cruzados se los llevará la corriente.
De momento el ayuntamiento de Ajalvir ha tenido que coger las riendas de su temprana feria, pues no hubo acuerdo con ninguna empresa para que se hiciese cargo de la plaza. Otro caso preocupante es el de la localidad sevillana de Dos Hermanas, que ante la necesidad de minimizar gastos, y alegando ‘falta de presupuesto’, ha decidido secundar las peticiones del colectivo antitaurino Solidaridad Animal Nazarena, para retirar cualquier tipo de apoyo a su feria de mayo. Pero los problemas financieros de la Fiesta de los toros no sólo se quedan en España. En Colombia, concretamente en Cartagena de Indias, se suspendió la feria ante las pérdidas económicas acumuladas cuando todavía quedaban dos carteles por ofrecerse.
Hay que tomar medidas. Lo pueden pasar mal muchos ganaderos, que sufrirán en carne propia un notable descenso en la demanda de sus reses. También algunos toreros, que verán como mengua su número de contratos. Y, cómo no, algunos empresarios, que tendrán más dificultades en colgar el cartel de ‘no hay billetes’. Pero a todos les ha de servir. A unos para cribar y perfeccionar en su selección ganadera, a otros para crecer en ambición o lamentablemente para darse cuenta del puesto que realmente ocupan en el escalafón, y a los últimos para ser más ingeniosos y ofrecer carteles realmente atractivos.
Mala es la crisis, pero peor sería que no valiese para subsanar errores, para pulir defectos y para crecer en esplendor. Es tiempo de adecuar la oferta a la demanda real de festejos y fortalecerlos en calidad.
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