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Ante la crisis, normalización (meditación y mejora). Artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 02/12/2008 |
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Contención para hoy, bonanza para mañana. La recesión económica no es ajena a ningún sector, y el mercado taurino deberá reducir el número de festejos, y con ello la producción ganadera, para afrontarla y salir reforzado de esta situación.
Frente a la crisis hay que reducir el número de festejos. Aviso para navegantes. Lo advirtió Borja Domecq, ganadero de Jandilla, el pasado viernes en la Semana Cultural de Foyos, y lo hizo mirando a los ojos al diputado Isidro Prieto. Consejo directo a los políticos. Los pliegos de arrendamiento de las plazas importantes obligan a celebrar un número de corridas generalmente demasiado alto. Salvo contadas excepciones, hay más oferta que demanda. Siendo esto mala cosa incluso en época bonancible, peor lo es en tiempo de recesión.
Lo dijo Domecq y lo secundó Ricardo Gallardo, titular de Fuente Ymbro. Almas gemelas, Borja y Ricardo, que buscan un mismo tipo de toro y un mismo concepto de bravura con los mismos mimbres de la ganadería que un día creara Juan Pedro Domecq padre: el toro con el que se divierta el público, el que sirva para triunfar el torero, el que no se pare, el que dé emoción; en la Fiesta no cabe el toro aborregado. Llevan razón.
Jandilla y Fuente Ymbro andan adaptándose a esto de la crisis reduciendo gastos. ¿Cómo? Limitando el número de toros, restringiendo la crianza de animales. El mercado está inflado artificialmente. Se dan más festejos de los que se debería por culpa de los montajes, de novilladas e incluso corridas que se organizan a pesar del déficit que suponen sólo para que algunos toreros sumen contratos en sus estadísticas. Es una apuesta de futuro: entrenar invirtiendo, torear, crear nombre… un envite que no suele funcionar pero que ha invadido el toreo. Pero la situación económica indica que esta fórmula no puede seguir soportándose mucho más tiempo. De hecho esta temporada ya han descendido considerablemente los festejos de esta índole, y todo apunta a que la tendencia seguirá a la baja en los próximos años.
Por eso afirmaba Borja Domecq que él ya está adaptando su ganadería a esa merma en la demanda de ejemplares que de inmediato va acontecer. Buena noticia a priori. Significa que la selección se tamizará aún más y que sólo permanecerán en el campo los astados de mejor nota, los de más garantías, los más bravos. Vivimos un mundo en el que no se debe dejar a la improvisación las acciones que queramos emprender para encauzar nuestro futuro. Me alegró que ganaderos tan importantes como los de Jandilla y Fuente Ymbro tomen conciencia de la problemática actual, que mediten posibles reacciones, que prediquen con el ejemplo y, más importante todavía, demanden a las autoridades lo que otros considerarían echar piedras sobre su mismo tejado: ¿Reducir el número de festejos? ¿Producir menos toros? ¿Mermar posibles ingresos? Sí, si no queremos que vuelva a hacerse realidad el refrán que afirma aquello de ‘pan para hoy, hambre para mañana’, será mejor que se normalice el mercado, que se programen los festejos que realmente demanda la afición, que actúen los toreros con verdadero interés y que los toros hagan honor a su apelativo de bravos.
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