El torero: héroe sempiterno. Artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 29/10/2008
 
El torero encarna los valores inherentes al ser humano, al niño que quiere ser un héroe.
avance El torero aúna los principios más intrínsecos de la condición humana. Personifica al hombre más genuino, más natural, al valeroso, al firme, al de palabra. Retroceder ante la voluntad del toro es sucumbir, es perder; por eso el torero tiene a gala no moverse del sitio que elige para torear; quiere mandar él. El torero es la consecución de la ilusión, es un niño que añora ser un héroe, no un adulto sin instinto de superación que lee el periódico por la mañana en una pausa del trabajo. El torero representa los valores eternos de verdad, compromiso, valentía, firmeza, respeto, galantería, entrega, voluntad, coraje…

La modernidad mal entendida, la globalización generalizada, nos quiere convencer de que la tauromaquia es algo obsoleto, retro, pasado, antiguo. Pero en realidad el toreo nunca fue algo moderno. Modernas son las ganaderías extensivas, el ganado estabulado encerrado en un minúsculo recinto para acelerar su engorde; modernas son las frías salas de los nuevos mataderos donde se trabaja en cadena con los cuerpos de los animales como si de un objeto de tratase. El toreo es, sin embargo, creación, apuesta fatal, respeto, verdad desgarrada, vida y muerte, y no pretende esconder nada, suavizar nada, edulcorar nada.

La ética y la estética son conceptos atemporales, y el toreo tiene parte de ética y de estética, de comportamiento, de norma, de ciencia, de didáctica… y de belleza, de ornamento, de arte. El torero encarna al héroe solitario y sus valores, y eso nunca pasa de moda, ni la leyenda, ni la historia, ni el espíritu bizarro que es inherente a la condición humana.


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