Una señora cornada, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 24/10/2008
 
La cornada de Perera cerró su temporada con muy mal sabor. Por el tiempo en el hospital, por las operaciones a que fue sometido, por todo el proceso de recuperación ha sido un percance muy fuerte. Que lo olvide pronto.
Una señora cornada
por Ricardo Díaz-Manresa
24-octubre-2008

El pronóstico de la cornada de Perera en el ya famoso 3 de octubre fue de gravísima y nadie se explica ahora cómo pudo aguantar una faena, matar al toro por arriba y fulminantemente e irse a la enfermería andando. Y además con un torniquete, que según los expertos su función es tan transitoria como urgente : parar la hemorragia hasta que los médicos se hagan cargo de ti. Cosas de toreros épicos, pensaría la mayoría.

Cuatro operaciones, trece días en el hospital, anemia aguda, retraso de la temporada americana por la que había desistido de ir a Zaragoza y Jaén. Tremendo. Una señora cornada que esperemos olvide pronto y no le deje huella psíquica en su carrera porque ha sido un período largo, muy largo, en el hospital y demasiadas visitas al quirófano.

¡Quién se lo iba a decir!. Más de ochenta tardes arrimándose como un perro y poniéndose en el sitio donde las dan y sólo alguna que otra voltereta. Así es el toreo. Perera ya ha tenido cornadas en su carrera –nadie se libra- pero creo que ninguna de la envergadura que ésta. Deseo que la olvide como las otras.

Una diferencia más entre JT y PRR (José Tomás y Perera) en este apasionante 2008. JT tuvo más y aguantó en el ruedo como PRR, pero ninguna como ésta, ninguna de tan lenta cura, ninguna de tanta anestesia, ninguna de tanto dolor, ninguna de tanto recuerdo, ninguna de tanto hospital, ninguna de tantas operaciones.

Esa es la gran prueba de Miguel Ángel Perera en la temporada americana, que iniciará tras larga recuperación, mucho más larga de la prevista en principio. Seguir siendo el mismo es el gran reto, triunfar allí la gran hazaña, repetir en España lo de este año el gran milagro.

Todo era un camino de rosas pero vino la señora cornada a trastocar planes y a repartir malos ratos. Es la medalla de los toreros, pero una medalla amarga. Una cicatriz es un honor y a la vez un dolor.

Una temporada a lo grande terminó con una cornada grande. No es la primera vez que sucede en el toreo ni será la última, pero a todos nos ha dolido verlo tanto tiempo en el lecho del dolor.

Feliz recuperación y prontos y rotundos éxitos.


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