Tauromafia. Artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 22/10/2008
 
El toreo está de enhorabuena. En las altas esferas sociales la tauromaquia está siendo más valorada y galardonada que nunca. Pero los últimos reconocimientos no ‘mezclan’ bien con los timos que perpetran los tauromafiosos.
avance A pesar de esa minoría discordante, siempre ruidosa y cojonera, la Fiesta de los toros es secundada por una mayoría respetuosa y cabal. José Tomás acaba de recibir la Medalla de Oro de las Bellas Artes, Pepín Liria recibirá la Medalla de Oro de la Comunidad de Murcia, y a Enrique Ponce -nombrado el pasado año académico de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba entre otros reconocimientos- la Generalitat Valenciana le acaba de distinguir con la Medalla de la Gran Cruz de la Orden de Jaume I.

Organismos, gobiernos y entidades respaldan sin tapujos al mundo taurino. Es momento de estar a la altura, de no fallar, de dar ejemplo, de mejorar. No se puede permitir que en este arte, admitido ‘por la puerta grande’ en los círculos de la alta cultura de nuestro país, merodeen buitres sarnosos, trapicheantes sin escrúpulos sin el mínimo amor por la Fiesta ni respeto por los toreros; empresarios de medio pelo que sólo buscan enriquecer sus sucios bolsillos a costa de la ilusión de quienes anhelan el éxito; que engañan a consistorios que se dejan birlar una subvención a cambio de castillos en el aire. Esa carroña sólo hace que convertir en tauromafia el espectáculo que encierra más verdad de cuantos existen. La Fiesta no se merece que esa chusma acampe a sus anchas, y quienes la amamos no lo debemos permitir.

Acaba de salir a la luz pública el nombre de uno de esos elementos, pero hay muchos más, y se sabe quienes son. Las administraciones no pueden consentir su impunidad y su desfachatez, y el toreo no debe mostrar esa barriobajera imagen. La Medalla de Oro de las Bellas Artes no ‘mezcla’ bien con los timos a novilleros y Seguridad Social que perpetran los tauromafiosos.

El toreo es grandeza, la que llega tras los sacrificios que conlleva su práctica, tras la dureza que comporta la rivalidad de un escalafón implacable, tras los sufrimientos que impone el toro. Aquel desalmado que se aproveche de las ilusiones y padecimientos de quienes sueñan con la gloria, con la grandeza, no merecen acercarse a una plaza. Eliminar esa lacra sería lo más oportuno ahora. Prediquemos con la ‘Medalla de Oro del Ejemplo’ y reduzcámosles desde dentro.

Dijo Enrique Ponce en cierta ocasión que “la Fiesta no necesita defensa alguna puesto que el arte jamás la ha necesitado. Es tan grande la Fiesta de los toros que se defiende sola. Sólo hay que amarla y emocionarse con ella”... ¡Sólo hay que amarla y emocionarse con ella!


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