Las dos tragedias del verano, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 21/10/2008
 
El percance de Adrián Gómez, ya un joven tetrapléjico, y el hijo del Jefe de Prensa de la Maestranza, Pedro Dormido, jovencísimo e hijo único, muerto en un campamento de vacaciones de los Picos de Europa, son las dos tragedias más puras, crueles y espantosas que ha sufrido la familia taurina este verano
Las dos tragedias del verano
por Ricardo Díaz-Manresa
21-octubre-2008

Hubo más de dos pero las dos más grandes, objetivamente consideradas en su máxima y más pura, dura y cruel expresión, son las de Adrián Gómez, ese banderillero con tan mala suerte, ya tetrapléjico, y la muerte del hijo del Jefe de Prensa de la Maestranza, Pedro Dormido, un chaval muy joven que disfrutaba de un campamento en los Picos de Europa. Un hombre de plata que soñaba con lo mejor y que está inválido y un adolescente, que además era hijo único. Dos caras de las tragedias más espantosas.

Adrián Gómez –que es el toreo en una muy oportuna y feliz expresión de Antonio Burgos, ya convertido en la máxima representación de la parte negra de los ruedos- y la muerte que deja a los padres sin su único hijo en plena juventud son dos palos tan fuertes que a uno se le saltan las lágrimas. No puede uno calibrar el dolor que esto supone desde fuera. Lo de Adrián por mala suerte, que le haya tocado a él cuando hay tantos pululando por tanto festejo y cuando hay también tantos que sufren volteretas que afortunadamente acaban en nada. Y, para los padres, por la pérdida de un hijo que no podemos ni comprender del todo los que somos padres y tenemos más de uno.

Les tuvo que tocar. Y la pregunta es ¿Por qué a mí?. Y la respuesta de una enferma, religiosa consagrada, es ¿Y por qué no?. Este por qué no es la pregunta no sólo del millón sino de todos los millones que hay en la Tierra. A Adrián como a Pedro Dormido y a sus padres les ha tocado la cruz. Incluso Benedicto XVI cuando visitó los campos nazis de exterminación le preguntaba a Dios dónde estaba entonces.

Juan José García Faílde, autoridad en la materia, explica así lo inhumano y humanamente incomprensible de estas tragedias:

“El mundo es una enorme llaga abierta en forma de cruz. Presente los rostros que presente, la cruz es una enorme losa que aplasta al mundo. La cruz no es un objeto de lujo ni de decoración. La cruz es algo horrible porque, unas veces más y otras menos, es un sufrimiento atroz. Y por eso para la razón es algo absurdo. Sobre todo algo absurdo cuando martiriza a un ser humano inocente o justo. No puede la razón encontrar sentido a los horrores de Dachau o Mathausen, ni a la desolación de una madre en cuyos brazos acaba de morir un hijo ni a la angustia de una joven a quien un accidente salvaje ha dejado tetrapléjica.

Se pregunta sin cesar la razón “¿por qué?” sin encontrar nunca respuesta convincente. Y si encima le dicen que Dios siendo bueno y omnipotente lo ha permitido, que es lo mismo que no impedirlo y, por lo tanto, que consentirlo, la razón se enfurece y no puede comprender que exista un Dios como éste.

No os enfadéis con la razón. Más bien os debe parecer natural que la razón encuentre justificado el rehuir la cruz, el combatirla y darle muerte. Sólo que, por más que sea acosada, y en ocasiones vencida, la cruz siempre estará ahí clavada y desafiante.

No tiene explicación para la razón porque la cruz, más que un problema es un misterio, y al misterio se accede con otra luz superior que es la luz de la fe”.

Copio esto de un maestro – con el riesgo de que este artículo parezca una homilía- por si les vale de algo a Adrián, a su familia y a los padres de Pedro Dormido. Y sé que el dolor no deja indiferente : o empeora a la persona, aplicando la razón y quejándose del Gran Jefe, o la mejora si lo acepta por el otro camino señalado. El dilema tremendo es si se cree o no. Si se acepta el Misterio, incomprensible en estos casos para los humanos.

Uno ve muchas desgracias cada año en el mundo que le hacen hervir la sangre y no encontrar explicación alguna, sobre todo cuando se ceban en gente buena. Terremotos, sunamis, tornados, inundaciones, muertes súbitas de jóvenes, enfermedades terribles, niños torturados desde su nacimiento por padecimientos incurables y tragedia para sus familias, dolencias tan graves como raras, accidentes sin explicación etc. Pero a mí personalmente lo de Adrián y lo de Pedro Dormido me ha llegado al alma. Porque ellos y sus familias son personas de mucha bondad y gran corazón.

Pero me temo que de Adrián, que era banderillero modesto, se acuerde ya poca gente. Menos mal que sus compañeros, con El Fundi al frente, van a dar la cara. Y que José Tomás se ha portado –por lo leído- extraordinariamente. Del hijo de Pedro Dormido, cuya familia no estaba dentro de la esfera de lo popular, quedará reducido el recuerdo a su familia y amigos. Quizá por eso los traigo a la memoria de los lectores, lo reivindico y me solidarizo con todos los que han sufrido y sufren por estas dos desgracias.



Comentarios

Sin comentarios