La avaricia rompe el saco, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 30/09/2006
 
El nuevo concurso de arrendamiento de la plaza de Las Ventas, del que no se discute lo disparatado de varios de sus puntos y la falta casi absoluta de interés por el espectáculo y el aficionado, está poniendo de manifiesto el interés del taurinismo por reducir también esta plaza a la feria de San Isidro.
El nuevo concurso de arrendamiento de la plaza de Las Ventas, del que no se discute lo disparatado de varios de sus puntos y la falta casi absoluta de interés por el espectáculo y el aficionado, está poniendo de manifiesto el interés del taurinismo por reducir también esta plaza a la feria de San Isidro. Digan lo que digan, aquí lo único que cuenta es la pasta. Para unos y para otros.

Si la de Las Ventas es tenida como primera plaza del mundo, en la que lo que allí se hace tiene mucha más trascendencia, importancia y repercusión que en cualquier otra, es por algo. Y reducir este coso a un serial, por extenso que este sea, suprimir su carácter de plaza de temporada, es rebajar su categoría.

Parece raro que casi nadie pretenda ahora lo que hasta ahora ha sido el bocado más apetecible del negocio taurino, pero tiene fácil explicación. El alto canon impuesto y la abulia, desidia y falta de iniciativa e imaginación de los ¿empresarios? taurinos, hacen que fuera de San Isidro no haya caja. Es, pues, mucho más fácil y productivo limitar la actividad de esta plaza a los festejos de mayo -para los que está todo vendido, con carteles de chicha y nabo, televisión y alta rentabilidad asegurada- que tener que organizar más de setenta festejos al año con un minimo de dignidad.
Luego nos quejamos de que a este espectáculo no se le da la importancia que tiene ni se le respeta como merece. Pero son los propios responsables del mismo los que están segando la hierba bajo sus pies.

Por otra parte, tampoco la Comunidad de Madrid se ha lucido con la redacción de este nuevo pliego, en el que se desprecia el contenido de la programación, como si a los que gustan de los toros les diese igual todo, empeñados, primero, en que la explotación de la plaza lo sea por una empresa privada -que sólo busca lucro a cualquier precio- y, después, demostrando que la fiesta de los toros les importa un comino: ¿dónde está el interés por la promoción, fomento y difusión de los toros? ¿porqué otras manifestaciones artísticas o culturales sí que pueden ser explotadas directamente por la Administración? ¿quien defiende a los aficionados?

Todos llevan el mismo juego y, al final, como todo el mundo sabe, la avaricia termina rompiendo el saco.


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