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¿Prórroga o penaltis?, nuevo artículo de Vicente Sobrino
Por Vicente Sobrino 17/10/2008 |
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Ojo al parche. Llega, seguramente, un nuevo capítulo en la historia interminable de una plaza que entre todos la mataron y ella sola se muere de pena, de incomprensión y de abandono.
El pasado mes de mayo, con cierta ceremonia, bastante confusión, algo de desconcierto y alguna dosis de jeta, se dio a conocer que la Diputación concedía la prórroga de su actual contrato de arrendamiento a la empresa Serolo. Una prolongación a los tres años de su labor empresarial. En aquella reunión, la Dipu, en voz de su representante taurino, el diputado Isidro Prieto, explicaba las razones, condiciones y otros detalles de la prórroga. Razones, condiciones y detalles supongo que, a estas alturas, sabidos por todos. Todo muy condicionado por las obras que el inmueble debe pasar obligatoriamente antes de que se convierta en una admirable ruina. Razones, condiciones y detalles soltados de manera que en un análisis frío de los mismos aquello parecía más bien una remisión al plato de lentejas: “o las tomas o las dejas”.
La empresa Serolo, ávida, en su derecho está, de seguir siendo los gestores del coso valenciano, se apresuraron a bendecir la gracia terrenal concedida por la Dipu a sus respetuosas mercedes. Lo dijeron con la boca bien abierta. Y negaron, o se hicieron los despistados, sobre la letra pequeña, o veneno en pequeñas o grandes dosis que encerraba la susodicha prórroga.
Ahora, al cabo de cinco meses, más o menos, las cosas no están tan claras. Primero y como principal y única razón legal porque una prorroga supone respetar “sine qua non” todas y cada una de las actuales condiciones de arrendamiento. Y la Dipu ofrecía no se sabe muy bien qué prerrogativas para que Serolo no sufriera daños económicos irreversibles en su cuarta temporada, la de la supuesta prórroga. Como digo, ni una coma se puede mover de las condiciones que salieron a concurso en su día. Y menos una rebaja económica del canon anual.
En fin, que el asunto está a punto de ponerse calentito. La concesión de la prórroga es, por el momento, una simple palabra. No existe compromiso ni acuerdo firmado por las partes. La Dipu masculla exigir a Serolo para gestionar la plaza en 2009, una determinada cantidad por festejo celebrado, que la tele esté presente en las Fallas y otras cuestiones de diverso orden. Lo que se traduce, en definitiva, en una evidente concesión directa más que una prórroga del actual contrato. Así es. Ni más ni menos. Y, además, no puede ser de otra manera.
Ante todo ello, se teme ya que Serolo se lo piense decida que lo mejor es retirarse por el foro e intentar seguir siendo feliz con el Puerto de Santa María y Jaén entre sus pertenencias. Porque soportar Valencia en las condiciones que van a llegar parece misión imposible.
Por lo tanto, ojo al parche. Llega, seguramente, un nuevo capítulo en la historia interminable de una plaza que entre todos la mataron y ella sola se muere de pena, de incomprensión y de abandono. Las posiciones empiezan a tomarse. Llegan mensajes de todos los frentes. De los cuatro puntos cardinales. Y tampoco hace falta moverse de la capital.
Olvídense de la prórroga. Pasamos directamente al lanzamiento de penaltis. Lo que no se sabe, todavía, es quien los va a lanzar y el cancerbero que los debe parar...o dejárselos meter.
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