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Querer ser torero, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 15/10/2008 |
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Una de las profesiones más bonitas, y arriesgadas, del mundo es la de torero. Sin embargo las exigencias para lograr ser alguien en la misma son muchas y difíciles. Y no todos parecen dispuestos a afrontarlas.
Querer ser torero es, desde luego, una de las pretensiones más bonitas que pueda tener un ser humano. Por apasionante, por emocionante, por romántica, por lucrativa...y por la extrema dificultad que entraña su consecución.
Querer ser torero da derecho a soñar con triunfos, grandes y bellas faenas, con ser admirado por el público, poder con los toros, ganar mucho dinero. Y poder decir que se es torero. Que, evidentemente, es algo sólo permitido a una muy selecta minoría.
Pero querer ser torero es estar dispuesto a los más duros sacrificios, a vivir las más penosas condiciones, a sufrir desprecios y humillaciones, a pasar mucho, mucho miedo. Y a llevarse cornadas.
Querer ser torero buscando sólo la parte bonita del asunto es como pedir la luna. Irreal y absurdo. Es como decir que no se quiere ser torero.
Por eso llama tanto la atención tanto aspirante que dice querer ser torero y no es luego capaz de aguantar las pruebas a que debe someterse para adquirir tal rango. O al menos, no lo son de hacer todo lo que se pide para serlo. Por ejemplo, pasar miedo ante un toro y admitir la certeza de que han de ser heridos. Como dicen los de las motos, sólo hay dos clase de moteros: los que se han caído y los que se van a caer. Pues con los toreros pasa igual, y al margen de las cualidades y particularidades de cada uno, sólo hay dos clases de toreros: los que han sufrido cornadas y los que van a sufrir. Pretender cruzar el mar sin que te salpique una ola es imposible. Y ser torero, aún en las primeras e iniciales categorías, sin llevarse un revolcón es impensable.
En los festejos celebrados en Valencia con motivo de la feria de la Comunidad Valenciana se ha visto a novilleros y matadores que dicen querer serlo y no han asumido la posibilidad cierta de la cogida. Quieren ser toreros pero sin pagar peaje ni pasar las pruebas exigidas.
En esa misma feria, y ante una muy difícil y peligrosa novillada de Santa Coloma, hubo un diestro que demostró que quiere ser torero y asumió los riesgos que eso conlleva. Sabía que podía ser cogido en cualquier momento y, pese a ello, siguió insistiendo y poniéndose en el sitio en el que los toros cogen -pero que también da el carnet, reconocimiento, contratos y dinero- y, aunque terminó herido de gravedad, dejó claro que lo suyo no es capricho ni querer escurrir el bulto.
Otros muchos -tanto novilleros como matadores de toros- deberían pensar en seguir estudiando o ponerse a trabajar.
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