Ponce eterno, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 22/08/2008
 
Tras Bilbao, parece eterno. Y da la impresión de que se alejan sus tambores de retirada. La Era Ponce es impresionante, por cifras y resultados. Y temporadas. Será difícil de superar, aunque no todo sea perfecto, como es natural.
Ponce eterno
por Ricardo Díaz-Manresa
22-agosto-2008

Lo ví en Pamplona rompiendo sus normas y vestido de blanco y plata con corbata y faja rojas, los colores de las fiestas de San Fermín, su homenaje a esa plaza y afición diciendo adiós, sin que se dieran cuenta ni lo valoraran. Hizo un esfuerzo de despedida y salió ful, por lo que se fue algo triste. Con aire de despedida del toreo. Le quedan dos telediarios, me dije.

Pero no. Este Ponce se vino arriba rápidamente porque le sobra afición, tiene muchísimo valor, técnica no le falta -incluso le sobra- y quiere estar en la pomada. Empezó a recular que si el año que viene seguirá pero toreando mucho menos, que si quiere llegar a la corrida dos mil, que si… Y tan “que si” que empezó a triunfar en Francia y en España inmediatamente y lo de Bilbao ha sido la cima. No es que se vaya es que parece eterno. Ponce eterno.

Faenón en Bilbao. Faenón de puerta grande. Faenón de años. De un torero con afición y con ilusión con el tiempo que lleva. Ponerse delante de unos pitones como aquellos ya es una heroicidad siendo quizá el más rico de la plaza o entre los cinco o seis que más desde la barrera hasta la última fila de la parte alta. ¿Quién tiene una cuenta corriente mejor?

Y siendo lo que es. El torero con mejores cifras de toda la historia del toreo. Indiscutible. 19 años yendo a todas las ferias de España y América y dando la cara en todas. Me entran escalofríos cuando pienso que va a llegar a las dos mil corridas, lo que significa cuatro mil toros muertos. O más porque habrá matado más de uno por compañeros heridos, más de dos por manos a manos y más de tres por corridas de único espada. ¿Dónde caben cuatro mil toros? ¿Se puede imaginar alguien tantos toros juntos?

Y cuatro mil toros sufriendo antes, en y después la presión. Y vestirse de torero cada día para ir a Valencia, Sevilla, Madrid, Pamplona, Bilbao, Zaragoza, Méjico, todas las de Bogotá, Lima, Quito, Caracas y otras venezolanas… Sólo lo puede aguantar un superhombre cuyo estado psíquico, físico, técnico, mental y emocional raye en lo perfecto… Cuatro mil toros, cerca de dos mil tardes, miles y miles de viajes y toneladas de responsabilidad.

Campeón de corridas. Campeón de avisos. O sea, campeón de faenas largas. O sea, campeón de tiempo delante de la cara del toro. Campeón sobando a los toros. Campeón aprovechando toros, a su estilo, a su manera, a su técnica, a su temperamento, pero aprovechándolos. Campeón del mal uso con las espadas dilapidando muchísimos triunfos y dejando de cortar miles de orejas. En Ponce, lo bueno y lo malo, siempre es a lo grande.

Sobador de toros. La primera parte así y, si sirven, en la segunda los torea, sin prisas, sin miedo a los pañuelos de los presidentes avisándole. Por eso le sirven muchos más toros que a los demás.

En el artículo “¡Qué contento me pone Perera!” señalaba que no se puede hablar de una Era en su caso, pero sí en la de Ponce. La Era Ponce está consolidada por años y por méritos. Que la supere alguien si puede.

Humanamente tiene muy buena relación con los periodistas. En mis años de “Clarín”, cuando empezaba a triunfar, le tuvimos que cantar mucho mientras que él cumplía férreamente sus compromisos de entrevistas. Enrique, esta noche a las diez. Sï pero yo os llamaré porque estoy en una finca en la que es difícil localizarme. No nos falles que vas en directo. Y a las diez en punto sonaba el teléfono y era Ponce. Y así muchos días. Oíamos el ring y decía yo : ese es Ponce y era.

Aquellos años del 92 y el 93 que se la jugaba en Valencia siempre, en Madrid, siempre que venía, y en Bilbao cada tarde aunque se aliviara después en muchas plazas incluso más de la cuenta, pero siempre sabiendo lo que hacia y lo que le convenía.

Alguien ha dicho que, si hubiese banderilleado, sería el Joselito – José Gómez Ortega, claro, El Gallo, por supuesto- de esta época. Por su sabiduría y facilidad extrema.

Dios sabe todavía hasta dónde puede llegar, pero en Bilbao hizo cosas novedosas o no habituales en él como los circulares por la espaldas con las dos piernas arqueadas o intentando dar naturales de cartucho, con la muleta plegada.

La alegría se le nota después de los triunfos auténticos. Eso es estar en forma de afición y futuro. Ni Palomita Ponce –aunque vuele mucho- le va a cortar las alas. Palomita Cuevas no ha podido.

Dirán que vaya poncista que es éste. Pues no. Me identifico con él en las grandes tardes solamente. Le ví una faena preciosa en Murcia en septiembre pasado la víspera de partirse las fibras y tener que cortar la temporada. Entonces, sí. Y ahora la de Bilbao. Pero muchas tardes, no. Reconozco sus méritos, pero me deja indiferente muchas veces. No me llena, no me convence. No me gusta verle despegado y echando al toro hacia fuera. Creo que le falta algo de picante y lo encuentro frío y excesivamente cerebral..

Sé ve que torea a gusto en Bilbao, a disgusto en los últimos años en Madrid (a donde acude sólo un día para no manchar sus cifras únicas), echo de menos sus finales de faena –cuando lo veo- de aquellos ayudados por bajo, magníficas esculturas que lo convertían en torero artista. Y ha habido y hay toreros que me gustan más, que me emocionan más y con los que tengo una simbiosis especial mucho más profunda.

Y también escribo –porque es justo- que Ponce es Ponce. Ponce eterno.




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