Del miedo de Bilbao a las mil de Fran, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 19/08/2008
 
El domingo se pudo ver, por el zapping, la segunda de Bilbao, las ml de Fran en Estepona y rejones en Azuaga. Miedo, frivolidad y pueblo llano es el resumen de esta experiencia singular.
Del miedo de Bilbao a las mil de Fran
por Ricardo Díaz-Manresa
19-agosto-2008

La televisión te deja hacer experiencias, impensables hace muy poco. Por ejemplo, el pasado domingo podíamos ver a la vez la 2ª de Bilbao, la número mil de Fran Rivera en Estepona y una de rejones en Azuaga. Menudo contraste, no sorprendente pero sí concluyente. Pasábamos de la gran responsabilidad de Bilbao a la frivolidad, rechazable, del nieto mayor de Antonio Ordóñez Araujo y biznieto del Niño de la Palma a la realidad de la España profunda y primaria, y puede que auténtica, de este pueblo extremeño. O sea, gran responsabilidad, gran frivolidad y pueblo llano. Lo que va del Bocho a Estepona pasando por Extremadura.

El miedo de Bilbao, con un corridón de toros de Torrestrella, recordando que el viejo Álvaro desde allá puede estar orgulloso, y todo cuidado, todo bien hecho, todo bonito, todo serio, todo responsable en el sentido de lo que es real, verdad y sincero, en lo que no hay engaño, doblez ni disimulo, aunque puedan colarse algunos errores y también injusticias. Y de ahí a Estepona, todo lo contrario. Y cuando escribo todo quiero expresar exactamente eso : todo. De lo responsable a lo frívolo, por ser benevolente. Ya estoy criticando o reflejando lo que ví, es decir haciendo un ejercicio que no me gusta, pero es mi deber. Hay que hacer lo que debe ser hecho, lo que sería un principio general para la ética de todos los periodistas y para la vida de los ciudadanos. Frívolo que es sinónimo de ligero, veleidoso, insustancial, fútil y yo diría que con su pinta de irresponsabilidad, buscada o no, pero ahí está.

Fran para festejar su corrida mil, que es una fecha importantísima que merece celebración, elige Estepona, mal síntoma, lo convierte en un cumpleaños con tarta, lo frivoliza, mete a la televisión para que retransmita un acto de revista de corazón, invita a unos cuantos frívolos o asistefiestas y asistesaraos, por muy amigos suyos que sean, y convierte aquello a ratos en un esperpento. Carmen Ordóñez, su madre, cuando se podía poner seria, siempre defendía el traje de luces y al torero. Con eso no se juega. Y no afirmo que Fran jugara, pero –por si acaso- voy a reflejar lo que pasó allí, dejando aparte el toro de Estepona –me entienden- y el toreo de Fran. Voy a trasladar hechos y opiniones y que el lector remate.

Se cantó mucho flamenco –era una corrida anunciada como Flamenca- que no sé si pega en una plaza de toros con un toro por medio pero que contrasta con lo tradicional. Esto es opinable.

Aparte de Flamenca, era Corrida Benéfica, con lo que se buscó a una Televisión, en este caso Telecinco –la más frívola- para darla en directo, emisora de infausta memoria, escenario creo recordar de aquellos esperpentos ofrecidos con las voces de Pedro J: Cáceres y un gracioso sin gracia Rafael Peralta. Menos mal que ahora el buen aficionado que es Pedro Piqueras mete baza en sus telediarios. No logré reconocer, con el zapping, al locutor de turno pero sí la voz del profesional del toreo y compañero del torero Dávila Miura, que estaba contento porque la tarta del cumpleaños debía estar buena. Se ha orientado pronto y ya lo tenemos en la Ser de Sevilla y ahora en lo de Tele-5, otro más añadido a los deportistas, artistas, granhermanos, correcamas, triunfitos y demás personal –clasificable o no- de la fauna televisiva.

Personajes invitados y muy entrevistados durante el acontecimiento, en el palco VIPS, María Teresa Campos y su nuevo novio, con Laura Valenzuela. Y en el tendido el presentador Caparrós, gracioso por la otra punta, que dijo : Nos estaban trayendo aperitivos y me quedaba con la servilleta para pedir las orejas. Ahora no traen, no tengo servilleta y no puedo pedirlas…

Y, en el tiempo que seguí la transmisión, de zapping en zapping, nos enseñaron en el callejón a José María García, personaje tan desconcertante, que pasó de su dureza en la radio a este ambiente.

Sacaron de luces hasta “El Duende”, entrañable, muy querido en la Casa Ordóñez, especialmente por el abuelo Antonio y la madre Carmen, pero esa tarde esperpéntico, impresentable.

El locutor insisitía en la gran expectación e interés que había despertado este número mil pero el realizador no se daba cuenta y en los planos generales mostraba que no se llenó la plaza. Menudo interés.

De los toros no hablo. Del toreo de Fran tampoco. De los famosos ya lo hemos hecho, con Cayetano –es lógico- en el callejón y prudente como siempre en esta corrida “del corazón”. La música de Los Barrios tan buena como peculiar.

Al final hubo traca. Fran brinda el sexto a su única hija. Está en su derecho. Le regalan el rabo y saca a la niña, que se pone la montera al dar la vuelta al ruedo. La niña, con desparpajo saluda con la montera en forma profesional y hace las mismas reverencias y gestos de los toreros y se erige en protagonista. Fran, haz lo que quieras y quéjate después de que la retratan y te persiguen y violan tu intimidad. Muy coherente.

Francisco Rivera Ordóñez es nieto de Antonio Ordóñez, hijo de Paquirri, biznieto del Niño de la Palma, sobrino nieto de Luis Miguel Dominguín y tiene tíos carnales y políticos matadores de toros para parar un tren, con primos de alternativa también. Es quizá, con Cayetano, la persona de este mundo que más sangre torera lleva en sus venas. No sé qué pensarán, pero así fue lo de Estepona en la tarde mil. Conclusión para expertos y estudiosos : según las audiencias, la corrida más seguida en televisión de esta España cada día más frívola.

Mientras, en Bilbao, todo de maravilla, todo responsable, hasta la gran actuación el día anterior de Hermoso y el gran gesto de Matías, el presi, de sacar su pañuelo, que tenía aparte, para conceder la segunda oreja. Le daba uno al mando y no podía asimilar tanta diferencia, esperada por otra parte. Y los de Azuaga, pues corrida de rejones en domingo y diversión sanota de pueblo. El sábado no hubo nadie –más gente en el ruedo que en el tendido- y a los pobres toros, qué barbaridad, le habían cortado hasta las ideas. No he visto cosas igual.

Lo que puede dar de sí un fin de semana, especialmente un domingo, gracias al zapping, que es lo que va de Bilbao a Estepona.


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