El futuro de la fiesta, artículo de Salvador Távora
Por Salvador Távora 30/10/2006
 
El toro en el campo y en la plaza es el signo más elocuente de nuestra cultura mediterránea. Toros, caballos y toreros componen un hermoso e insólito cuadro en el que capotes, banderillas, muletas, estoques y rejones pudieran colgarse, con todo derecho estético, en el clavo que un Alguacil de blanco y negro ?jincará? en una etérea nube.
Huelen los toros a campo, a boñigos, a libertad a gloria y a sangre. En el morrillo guardan, para cuando se estiran en las plazas, bandadas de negras moscas que vuelan y se enredan en los rizos del testuz noble o agresivo. Son los pitones como dos navajas brillantes que mandan en el ánimo, el valor de las acciones o las precauciones de los toreros que buscan en el oficio de matar toros, la belleza, la precisión, el riesgo, las emociones, en definitiva un arte que está más allá del padecimiento de la pobreza o de la ambición de la riqueza.
 
El toro en el campo y en la plaza es el signo más elocuente de nuestra cultura mediterránea. Toros, caballos y toreros componen un hermoso e insólito cuadro en el que capotes, banderillas, muletas, estoques y rejones pudieran colgarse, con todo derecho estético, en el clavo que un Alguacil de blanco y negro ?jincará? en una etérea nube.
 
Frente a los que no ven en nuestra cultura taurina más que crueldades tendremos que repetirle mil veces la opinión contundente de Federico García Lorca en este sentido. Decía Federico: ?El toreo, es probablemente la riqueza poética y vital mayor de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que los toros es la fiesta más culta que hay hoy en el mundo; es el drama puro, en el cual el español derrama sus mejores lágrimas y sus mejores bilis. Es el único sitio donde se va con seguridad de ver la muerte rodeada de la más deslumbrante belleza. ¿Que sería de la primavera española, de nuestra sangre y de nuestra lengua, si dejaran de sonar los clarines dramáticos de la corrida?...?
 
Hoy ante las inquietantes manifestaciones antitaurinas hemos de sentirnos serenos y disponernos a los razonamientos y al dialogo. Un dialogo tan cultural como taurino del más verdad y mediterráneo de los espectáculos.
 
El de más verdad porque no hay cartón piedra para decorar el lucimiento o la tragedia, ni hay palabras para el discurso dramático, sólo emociones, músicas de escalofríos, y clarines misteriosos que rompen los silencios para las salidas de los toros y los cambios de tercios. Y el más mediterráneo porque arrastra en sus formas los orígenes de nuestras costumbres, nuestras pasiones y nuestras más profundas raíces históricas: Taurocatapsias se llamaban en la antigua Grecia los dramas populares con toros que se celebraban en grandes espacios escénicos adecuados.
 
En el marco de lo cultural, sobradas razones tenemos para poder llamarles a ignorantes desconocedores de buena parte de nuestra identidad mediterránea y de nuestra propia historia como pueblo. Y en el plano de su brusca defensa del derecho de los animales, yo les invito a que visiten esos sombríos mataderos donde los toros, por tener super desarrollado el sentido del olfato, huelen la muerte en cuanto son desencajonados, y lloran conducidos unos tras otros por largas y estrechas mangadas de frío hormigón, hacia la puntilla eléctrica accionada por manos invisibles contra las que no pueden ni alzar los ojos. Quizás entonces cambiarían en su escala de valores acerca de la muerte del toro bravo en un ruedo lleno de sol y color, lo que Lorca llamaba ?el único sitio donde se va con seguridad de ver la muerte rodeada de la más deslumbrante belleza.?
 
En 1925, cuando un sector de la sociedad española puso en cuestión las corridas de toros, con un sereno dialogo entre las protectoras de los animales, los taurinos y la Administración, se resolvió el debate con la implantación en 1930 del peto a los caballos de los picadores. La historia del arte del toreo, a pie y a caballo, esta llena de innovaciones. Tiene, sin lugar a duda, un carácter social y cultural inseparable de la historia de los pueblos peninsulares. Y todo ello puede armonizarse, en una sociedad libre y democrática de la que gozamos, eliminando, entre otras, dos palabras: ?anti? y ?prohibición?. Dos palabras muy usadas por alguna administración española en estos últimos años. Yo he sufrido la última en mi actividad teatral cuando intentaba ¡qué paradoja! humanizar la lidia reglamentaria de un toro en mi versión de ?Carmen? en la Plaza de Toros Monumental de Barcelona. Tras la Sentencia condenatoria a la Generalitat por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y más tarde tras el recurso por el Tribunal Supremo, hoy quiero situarme en el centro del debate proclamando la aspiración de consensuar el respeto cultural a las corridas de toros y la voluntad de humanización tolerante de todos, buscando soluciones que nos distingan de los animales, al menos, en la facultad de razonar...
 
Creo, sinceramente, que no va a servir de mucho brillantes artículos aspirando salvar la fiesta, ni valorar culturalmente su carácter asociando a su desarrollo los nombres de Hemingway, Arrabal o Vargas Llosa. El futuro de las fiestas de toros pasa por su poder de convocatoria como espectáculo variado y con libertad de creación para sus participantes. Por la toma de conciencia de los profesionales del ruedo, y la elasticidad reglamentaria de la Administración. La cultura en las fiestas populares, y las corridas de toros lo son, es una costumbre aceptada y disfrutada por la mayoría, y nunca una facultad privilegiada de entendimiento intelectual. Si queremos salvar al toro bravo, a las corridas, de las tendencias europeizantes y de la intolerante actitud de los ?puristas?, cerrados al dialogo, hemos de hacerlo escuchando y atendiendo las sensibilidades de la sociedad moderna o actual. Yo así lo entiendo y es por ello que, lejos de una actitud teórica, mi propuesta está comprometida con una actividad práctica formalizada en lo que hemos dado en llamar ?La Corrida Moderna? como resultado de mis experiencias en cinco Ferias Mundiales del Toro en Sevilla y plazas de toros de España, Francia y Latinoamérica. Aun tengo los pies llenos de albero de los últimos ruedos pisados en Espartinas, Bayona y Jaén... Creo que para el futuro de nuestras corridas es un camino eficaz.


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