La Sevilla de El Cid, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 28/09/2006
 
Tanto escribir que si no es el que era, que si está bajando, que si vaya temporada, que si los importantes y decisivos son otros, que si en las ferias de primera etc... Es cierto que torea como nadie y que baja ?algunas veces de más- en los toros poco claros, pero la persona de buen corazón que sigue la temporada día a día ha podido ver que, por ejemplo en septiembre, sin ir más lejos, tuvo muchos triunfos y muchas salidas a hombros. Pero no les valía. Había que ensalzar a otros y hundirlo a él.


Sevilla ha sido otra vez del Cid tras el esperado acontecimiento. Dos años nada menos o, lo que es lo mismo, 730 días. Tanto tiempo para esta corrida de único espada (nunca encerrona: ¡buscad en el diccionario neoinformadores o informadores ignorantes!). Sólo encerrona para tantos que desconfían de él y, por tanto, quieren ir a por él. Pero tampoco porque una encerrona es algo inesperado para hacerte mal o simplemente para gastarte una broma fea y herirte.

Tanto escribir que si no es el que era, que si está bajando, que si vaya temporada, que si los importantes y decisivos son otros, que si en las ferias de primera etc... Es cierto que torea como nadie y que baja ?algunas veces de más- en los toros poco claros, pero la persona de buen corazón que sigue la temporada día a día ha podido ver que, por ejemplo en septiembre, sin ir más lejos, tuvo muchos triunfos y muchas salidas a hombros. Pero no les valía. Había que ensalzar a otros y hundirlo a él.

No han podido.

Para calibrar la gesta de Sevilla habría que valorar que un triunfo así le ha dado a la consolidación y especialmente  ha sido un cierrabocas para tanto malintencionado o bobo que esperaba recoger sus destrozos. Un fracaso habría puesto en marcha a toda la jauría mediática para dejarlo en pañales.

Se la jugó y ganó. Le salió bien.

Nos alegramos los que, sin conocerlo, hemos disfrutado de sus grandes faenas, especialmente las de Madrid. Y que ahora lo alabamos y lo defendemos porque se lo merece aunque lo necesite cada día menos. Y en el futuro, si tuerce su camino, pues habrá que criticarlo. Pero déjenme que al menos por un día me fije en su tarde tan positiva -y todo lo que conlleva- y me olvide de tantos males de este espectáculo.

Se juntaron la Sevilla del Cid y el Cid de Sevilla y el resultado fue el que fue. Ténganlo en cuenta los antiCid que escriben y hablan en la mediática y hagan un repaso de su temporada, día a día, corrida a corrida, para darse cuenta de la realidad.



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