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Tomás (José), artista aclamado. La feria del aniversario de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 06/06/2008 |
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Tarde redonda de José Tomás, con el público entregado antes de entrar a la plaza de Madrid. Todo sallió como en el mejor guión estratégico, como el sueño más dulce.
Tomás (José), artista aclamado
Ricardo Díaz-Manresa
06-junio-08
No artista invitado, sino artista aclamado con el público en éxtasis permanente, en levitación extrema, en pasión incontenible, en sunami a todo gas. Desde antes de hacer el paseíllo podíamos leer en las caras de tantos y en el brillo de los ojos : “Todos somos de José Tomás”. Antes del paseíllo, en el paseíllo, después del paseíllo y hasta que se lo llevaron a hombros. Más o menos como en los tiempos de El Cordobés, que movía la melena al aparecer en el patio de cuadrillas y enloquecían hasta los mulilleros y, por supuesto, bramaban de rabia los antis. Ayer, no. No hubo antis.
Antes del paseíllo, run-run de los grandes acontecimientos. Al iniciar el paseíllo, clamores. Durante el mismo, entusiasmo desatado. Al final, ovaciones grandiosas para que saliera a saludar, cosa que hizo pero solo. Cuando cogía el capote para un quite, silencio sepulcral de expectación inusitada. Es decir, el 98 por ciento de la plaza, abarrotada, empujando para que todo saliera bien. Y todo parecía estupendamente a pesar de los enganchones con el capote, algunos, y con la muleta, muy pocos y menos de lo habitual en él.
De las veces que lo he visto, que han sido unas cuantas, mejor que nunca. Me perdí algunas de Las Ventas en sus años eximios porque mi cargo en RTVE, de mañana y tarde, me lo impedía, pero le ví otras muy celebradas con numerosos enganchones. Esta vez, estuvo redondo en muchos momentos.
Tarde de cuatro orejas este ya inolvidado jueves 05 de junio en la plaza de Madrid. La apoteosis tomasista, como he señalado, estaba cantada desde el primer momento. En tarde normal, no le habrían dado la segunda oreja del primero, pero la gente supongo que pensaba sin pensar que había que asegurar la puerta grande, por si en el 5º no hubiera triunfo.
Estuvo solemne, templado, quieto como una vela, ligando, concentrado, tranquilo y con mucha suerte en, valga repetirse, la suerte final. Era cuestión de que el toro cayera rápido. Nadie ni nada nos debía apartar de la apoteosis. Así estaba el personal.
Dos toros buenos, muy apropiados, una lidia excelente de su cuadrilla, él entregado; o sea, todas las circunstancias que se deben dar para que ocurriera lo que ocurrió en esta tarde ya histórica.
Si se me permite y los tomasistas no me insultan, algún barullo con el capote, poner la muleta más de una vez y más de dos en uve y no planchada y sacar el muletazo con la cara del toro en el pico. Pero daba igual : todo lo veían fantástico.
Me alegro por José Tomás. Y por los tomasistas. Y por el espectáculo. Y por el subidón informativo. Y por todo lo bueno que un triunfo así trae. Y por ver felices a tantas personas, lo que me alegra infinito porque es el mejor espectáculo que un ser humano puede desear : ver a los demás plenos y satisfechos cuando hay tantos en el mundo que nunca lograrán ni una migaja de alegría.
Se dará cuenta ahora que ha sido un error hacer la temporada de artista invitado del año anterior y no dar la cara en las grandes plazas, error que cometerá otra vez quitando Madrid, Valencia y San Sebastián.
Nadie se come a nadie, José Tomás, y ya has visto cómo te quieren. En Illumbe el agosto pasado ocurrió lo mismo : la afición está a tus pies. Haz la temporada regular y compite con las demás figuras. Y no como en este día que nadie te podía hacer sombra, con un Javier Conde en plan de comparsa de segunda y un Daniel Luque, verde, con mala suerte y con el peor lote.
¿Pueden adivinar cómo lo esperaban tras los dos primeros toros en los que no hubo nada?. Y en el quinto, tras las dos orejas anteriores y una actuación de sainete del primer espada. Todo lo salió pues a pedir de boca. Ni milimetrado. Enhorabuena. Y a ver si el 15 cae el rabo (que no pidió absolutamente nadie ante mi extrañeza al ver la actitud de entrega incondicional de los espectadores durante toda la tarde).
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