San Isidro, lo que pudo haber sido y no fue. Artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 03/06/2008
 
La mejor noticia de un San Isidro artísticamente desértico es que el público ha acudido en masa pese al poco atractivo de los carteles
avance Terminó San Isidro, aunque Madrid continúa dando toros con la joven Feria del Aniversario. Terminó un ciclo y sin solución de continuidad le sigue otro. Lo mismo da que da lo mismo. Uno u otro nombre, una u otra acepción, encierran los mismos miedos, las mismas presiones, las mismas exigencias.

Echamos la mirada atrás y comprobamos que artísticamente el serial del santo patrón de Madrid ha sido más desierto que frondosidad, como por otra parte suele ser habitual. Seis orejas en diecinueve corridas de toros. Ni un solo matador abrió la puerta grande; y pocas sorpresas, y eso si que es una lástima.

Otras veces San Isidro ha lanzado toreros, cuanto menos ha conseguido despertar el interés por algún que otro matador modesto. Pero en esta ocasión el factor sorpresa ha tenido poca fuerza. Si acaso, me quedo con el nombre de Israel Lancho, que mostró la carta del valor auténtico a pesar de ser su primera actuación del año.

Haciendo un esfuerzo recuerdo que gustaron también las maneras de Joselillo, Diego Urdiales y Morenito de Aranda, y que no defraudaron Morante, Manzanares, Talavante o Ferrera. Dio un toque de atención el colombiano Luis Bolívar, y sobre todo Perera. Triunfó sin cortar orejas El Cid, rotundo con todo excepto con el estoque. Y... y poco más. Alguno dirá que menos da una piedra, pero a mí me parece muy poco contenido para tanto continente.

Mejor parados salieron los novilleros, aunque tampoco ellos acabaron de ser contundentes. Y, eso sí, pueden sacar pecho los rejoneadores, un escalafón que goza de excelente salud tras lo visto en la capital. Cinco orejas en dos festejos y la salida a hombros de Andy Cartagena dentro de feria, y cinco orejas más y puerta grande para Diego Ventura si contamos la corrida fuera de abono del pasado domingo.

San Isidro ha vuelto a poner de manifiesto el tirón popular que la Fiesta ejerce en los días de pitiminí. Poco o nada ha importado al grueso de espectadores una confección de carteles sin el interés que merece la plaza más importante del mundo en la feria más determinante de la historia. Días de “no hay billetes” en Las Ventas actúe quien actúe. La fuerza no la tienen los carteles sino el recinto, y sobre todo el nombre con el que se conocen las ferias en las que se enmarcan los festejos.

Tampoco ha inquietado que muchos de los actuantes no tuviesen el bagaje adecuado para aprovechar las embestidas de algunos toros de nota. Ni siquiera ha preocupado demasiado la falta de hechuras exhibida en la presentación de algún ejemplar.

Son cuestiones un tanto alarmantes, como también lo sigue siendo la déspota exigencia mostrada con las figuras del toreo, la falta de memoria histórica con toreros considerados de Madrid, o peor aún, la falta de unificación de criterios en el palco. Y eso constituye un peligroso ejemplo para el resto de plazas.

Sería oportuno hacer examen de conciencia, revisar errores y mejorar en aspectos tan evidentes como los mencionados, aunque Madrid seguirá siendo Madrid, duro e importante, por mucho que las cosas no sean como podrían ser.


Comentarios

Sin comentarios

avance