La Virgen de los Aficionados Desamparados. Artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 14/05/2008
 
La lluvia imposibilitó que se celebrase la corrida de toros en honor a la Virgen de los Desamparados, pero lo peor fue que Valencia volvió a ofrecer una imagen de plaza de “gache”.
No hubo toros en Valencia. Finalmente las malas condiciones climatológicas impidieron la celebración de la corrida en honor a la Virgen de los Desamparados. Contra mayores no puede irse. Quizá, si algún día se lleva a cabo la cubierta de la plaza circunstancias como esta no vuelvan a producirse, y todos los festejos que se anuncien podrán celebrarse contra viento y marea.

Pero hoy por hoy no, y así, el pasado sábado la lluvia dio al traste con la ilusión de toreros que tienen pocas oportunidades y que se aferran a cada una de ellas con uñas y dientes, a veces incluso de forma tan desesperada como insensata.

El sábado los matadores querían torear por encima de todo, sin tener en cuenta que, aunque por momentos dejaba de llover, el albero fangoso se hundía bajo sus zapatillas hasta llegarles más allá de los tobillos. Desoyendo consejos y cerrando los ojos ante la evidencia ellos querían torear.

Hasta cierto punto es comprensible y hasta lógica su voluntad, lo que no quita que otros, con mando en plaza, pongan orden desde el principio impidiendo que el coso taurino de Valencia mostrase una estampa tan lamentable y, lo que es más importante, defendiendo al aficionado y con ello la imagen de la propia Fiesta.

Valencia no cuenta con la maquinaria pertinente para acondicionar en tiempo récord un recinto totalmente inundado, y quienes lo sabían deberían haber impuesto la lógica para anunciar la suspensión a mediodía, a la hora del enchiqueramiento de las reses, evitando con ello que los aficionados malgastasen tiempo y dinero en desplazamientos baldíos hasta la plaza.

Pero no fue así, y a la hora del festejo sólo había montañas de lodo revuelto y asientos mojados. Pasaban los minutos y nadie daba el mínimo aviso por megafonía; hasta que por fin a las seis y veinticinco se producía la única posibilidad coherente: suspensión; y a partir de ahí colas interminables de aficionados ante las taquillas que desafiando a la lluvia aprovechaban el viaje para que se les devolviese el dinero de las entradas. No, no es la imagen más oportuna que debe dar una plaza de primera.

Pero por si fuera poco, y para que se cumpliese aquello de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, el domingo se repitió una historia similar, sólo que en este caso, y con la excusa de que en ese momento no llovía, se celebró el festejo, sin tener en cuenta el peligro que el fango suponía para los toreros y las incomodidades que debían soportar por narices los sufridos abonados. Ya ven, festejos anunciados, arena impracticable y contribuyentes desamparados, y eso que celebrábamos la festividad de la Virgen de los Desamparados, la Mare de Déu dels aficionats valencians.


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