Lo que no puede ser, nueva opinión de Paco Delgado.
Por Paco Delgado 12/05/2008
 
El lamentable espectáculo vivido en Valencia, en los festejos del Día de la Virgen, pone de manifiesto que, en general, la gente del toro no piensa para nada en el público.
Es sabido y palmario que tres son los elementos básicos e imprescindibles para que sea posible un festejo taurino; toro, torero y público. Pero con ser clave los dos primeros, su función está orientada, única y exclusivamente, para ser tenida en cuenta por quien acude una plaza y paga el importe de su localidad.

Sin embargo, este papel primordial del público está siendo, y desde hace tiempo, ninguneado y pisoteado por la mayoría de los que, en teoría, deben velar por que este rito trasmutado en espectáculo, y en negocio, mantenga no sólo su identidad y razón de ser sino el favor de quien lo mantiene. Que no es otro que aquellos a quienes menosprecian y defraudan mucho más de lo aconsejable.
Y es que ya todo lo que se hace en el mundo del toro no se realiza pensando en el público. Se hace en función del torero, a quien se procuran las mayores comodidades posibles y se le exige cada día menos. Aunque detrás del hombre que se viste de luces exista un complejo entramado en el que hay muchos intereses cuyos beneficios no van, precisamente, a engrosar las arcas de quien se enfrenta a la fiera.

Ya no se trata de que se seleccione un tipo de toro que oponga la menor resistencia a su matador, que no se fomente la competencia entre figuras -ni entre no figuras-, que se monten ferias y carteles pensando exclusivamente en la rentabilidad del evento... es que parece que quieren que la gente que acude a las plazas no vuelva a pisar una.

Es, por ejemplo, inadmisible, que se obligue a los aficionados a a ir a la plaza en un día de perros, como sucedió en Valencia el Día de la Virgen, cuando llovía a cántaros -y, sin plaza cubierta ni acomodada a lo que los tiempos piden-, las previsiones eran de que no parase y el ruedo estaba hecho un lodazal. Y, encima, haya que esperar después más de dos horas, naturalmente en la puta calle y bajo un aguacero amazónico, para que se le devuelva el dinero de su entrada... sólo porque los toreros anunciados estaban dispuestos a salir y no dejar pasar la oportunidad de torear en una plaza de primera ... que no debería ya serlo cuando no reúna un mínimo de condiciones de comodidad y confort exigibles para los espectadores del siglo XXI. Y esto no ocurre sólo en Valencia. Ha pasado en Sevilla, pasa en Madrid y pasa en casi todos los cosos, sin que nadie parezca que tenga interés alguno en solucionar esto ni se tenga en cuenta para nada a quien únicamente buscan para que pague.

Comentarios

Sin comentarios