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Catalanes y no catalanes
Por Ricardo Díaz-Manresa 03/07/2006 |
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Los catalanes de Ezquerra y asimilados han dado ya el primer paso mortal contra el espectáculo taurino, su rito, su historia, su liturgia y su representatividad, al votar su desaparición.
Los catalanes de Ezquerra y asimilados han dado ya el primer paso mortal contra el espectáculo taurino, su rito, su historia, su liturgia y su representatividad, al votar su desaparición. Hemos tenido la suerte de que la situación política invalide su hachazo. Pero es igual, porque seguirán y seguramente lo conseguirán, meses antes o meses después. Lo han colocado como objetivo y no cejan. No es una broma. Es la desaparición en Cataluña de lo que se conoce desde hace siglo como ?los toros?, corrida, novillada y asimilados. ¿Qué hacer? Cuando esto se veía venir ?y se veía porque los de Ezquerra no se esconden- se creó la Plataforma de Defensa, que ha sido positiva, que ha trabajado, que se ha movido, que ha hecho muchas cosas, pero la realidad es que no se ha llenado la plaza de Barcelona ni una vez y que, salvo los buenos carteles del verano, las combinaciones han sido flojas y se han visto pobres entradas. Tampoco se ha observado una movilización general de toda la afición para dejar las cosas en su sitio, pero quedó claro que un colectivo no desdeñable sí quiere el espectáculo. Tendrán que seguir trabajando mucho y bien si se quiere tener éxito.
Pero, mientras tanto, se organizan por los no catalanes en muchas plazas de España espectáculos que hacen muchísimo daño. Hemos leído crónicas de Granada y Burgos que dan pavor por la poca seriedad del toro y las circunstancias que se desarrollaban en la plaza. Hemos visto corridas por televisión en Albacete y Toledo que tiraban de espaldas. Resulta que el espectador desde el tendido tiene que sentir miedo al toro y pensar que nunca podría bajar al ruedo ni por millones de euros. Sin embargo, en las corridas citadas el toro daba pena, por su cabeza, por sus fuerzas, por todo, con lo que los de la monserga de la tortura acumulan argumentos. En las corridas citadas, más de uno podría pensar que estar abajo no es tan peligroso, cuando lo es siempre, incluso y también en esas circunstancias. Lo malo es la sensación, muy negativa. Y por lo que da pie a los enemigos y vergüenza a los que amamos el espectáculo tal y como debe ser.
Así que censura a los catalanes antitaurinos y censura ?y más grande- a los no catalanes que dicen que son protaurinos porque viven de eso y resultan ser muy antis. Así les ponen las cosas dificilísimas ?todavía más- a los de la Plataforma.
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