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Rocío, torera y taurina
Por Ricardo Díaz-Manresa 03/06/2006 |
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Ejemplo de gran señora cuando otras abominaron del toreo y lo pusieron a los pies de los caballos. Pero no eran ni Rocío, ni la más grande, ni la chipionera histórica ni tenían su talante de valor, equilibrio, coraje, sentido común y corazón.
Torera y taurina, aparte de figura impar, irrepetible, inolvidable, humana y cercana y ?la más larga?: en el argot, que podía con todos los estilos y cantes como nadie. Para fijarse en ella y sacar conclusiones.
Torera porque amaba, defendía y pregonaba las grandezas del toreo, el arte más bonito y profundo. Lo pregonaba siempre, en sus declaraciones, en sus canciones, en sus palabras sobre Ortega Cano. Siempre a favor sin una queja, ni en las cornadas de su Ortega, alguna terrible como la de Cartagena de Indias, la otra Cartagena de su alma.
Y taurina. Ni una palabra mal dicha cuando el taurinismo, tan cruel, se portó malamente con su Ortega en los últimos años, que desembocaron en una despedida muy digna en Vistalegre y su posterior reaparición ?tan sentimental como equivocada- el pasado año. En su sitio, como una señora, sin entrar al trapo ni hacer mala defensa de su marido torero. Un ejemplo tremendo.
Y taurina, alardeando ?con razón- de sus toros, demostrando al mundo con quién estaba en este tiempo difícil en el que tantos enemigos le han salido a este espectáculo, yendo a la plaza cuando había que ir y diciendo en cada momento lo que había que decir.
Ejemplo de gran señora cuando otras abominaron del toreo y lo pusieron a los pies de los caballos. Pero no eran ni Rocío, ni la más grande, ni la chipionera histórica ni tenían su talante de valor, equilibrio, coraje, sentido común y corazón.
Una mujer brava y humana para decirle a Mariñas defendiendo a su hija : Con esa no, que la he parido. Para decirle la verdad a los carroñeros del corazón cuando la acosaban en los aeropuertos. Para no sacar su familia a la pasarela. Para ser discreta. Una mujer ejemplar que hizo feliz al cartagenero torero y así fue por lo contento que se le vió siempre.
Torera por valiente para enfrentarse a su enfermedad y convocar ruedas de prensa para hablar del mal terrible. Torera por valiente para soportarlo con entereza. Torera para morir, como mueren las valientes, con las botas puestas.
Taurina por cantar al toreo y difundirlo y hacerlo llegar al universo. Y así, el mundo del toreo, que es agradecido, se volcó. No sólo por su compañero Ortega Cano, sino también por ella, reconociendo ?creo- todos los méritos y la lucha que exhibió por el toro y el torero.
Sí, Ortega Cano, los toreros del cielo ya tienen quien les cante. Y también aquí, toreros y aficionados, seguiremos escuchándola por los siglos de los siglos. Y agradeciéndole todo lo que ha hecho por nosotros.
Figura inmortal en lo suyo, quería destacar en este pequeño homenaje lo torera y taurina que fue Rocío, esa gran señora de Chipiona, ese gran regalo que nos dio Dios durante 61 años.
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