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Domingo de Resurrección en Sevilla, opinión de Diego Vidal
Por Diego Vidal 28/03/2008 |
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En Sevilla lo irrelevante es relevante. Pero vaya a Sevilla por Resurrección.
Sol de albero y oro.
Llego a la Plaza de Toros y digo en voz alta lo que decía Juncal al ver la Maestranza: ¡Buenas Tardes Señora!
Seis toros de Zalduendo, faltos de trapío, mansos y flojos en general, vamos, lo de siempre.
Enrique Ponce: mi respeto y admiración cómo figura del toreo pero no es torero de Sevilla. Cómo decía Jack Lemmon en “Con faldas y a lo loco”: Nobody is perfect (Nadie es perfecto). No pasa nada maestro.
Alejandro Talavante: últimamente denota infidelidades continuas al concepto de toreo que le ha puesto en el sitio actual, esto es, crear sensación de miedo y emoción en el aficionado, y cómo tal, la afición sevillana le correspondió con silencio, pero de los que hacen que el torero tenga remordimientos de conciencia.
El Cid: le dejo el último pero fue el mejor. ¿Por qué?
Porque capotea con gusto y confianza.
Porque con la derecha torea cargando la suerte.
Porque con la izquierda… ¡ay que izquierda! Con la izquierda pone el trapo en el hocico del toro, y lo lleva hasta el final, trazando una autopista de temple y pureza.
No es torero que quiere, puede.
No es torero de galería, sino de buscarse pa’ dentro.
En conclusión, torero poderoso, con gusto y empaque.
Mención especial la “Banda de Música de la Maestranza”, que tomen nota en Valencia.
Otrosí: el aficionado de Sevilla me dio la sensación que es cómo los católicos apostólicos y romanos, que saben discernir el Bien del Mal, el Bien con olés, el Mal con silencios cortantes, y si hay que pecar, pues pecan cómo han pecado durante tantos años con Curro Romero.
En Sevilla lo irrelevante es relevante.
Vaya a Sevilla por Resurrección.
Resucita a los aficionados, a mí me ha resucitado después de unas Fallas de Pasión y Flagelación.
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