Valencia, un gache. Opinión de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 25/03/2008
 
La Feria de Fallas 2008 ha significado un descenso categórico de la plaza de toros de Valencia, al menos en lo que respecta a la presentación de las corridas -por debajo del mínimo exigible en un coso de primera categoría- y en la concesión de trofeos, otorgados de forma caprichosa y generosa.
He buscado incansable la palabra gache en diccionarios, en vocabularios taurinos y hasta en internet. Pero a pesar de indagar con ahínco no ha habido forma de dar con la definición esperada. Gache no existe; es invención de los taurinos, y aunque estoy seguro que en un futuro acabará por ser aceptada y utilizada con normalidad en el lenguaje cotidiano, hoy por hoy no hay una definición exacta y reglamentada de su significado. Así es que, para que se entienda este artículo, me toca explicar qué es un gache y por qué lo traigo a colación.

Un gache es un festejo taurino de poca monta que suele celebrarse gracias a que al empresario en cuestión, generalmente el pícaro de turno, le permiten interpretar la normativa vigente según su conveniencia. Acostumbran a celebrarse los gaches en pueblos donde todo vale con tal de vivir una tarde de toros. Habitualmente la terna que se presta a los gaches es de tercer orden, aunque con un poco de suerte se anuncia alguno de segunda fila, incluso los hay de los considerados líderes que a veces, sólo por sumar festejos, se prestan a este tipo de montajes.

En los gaches poco importa la ganadería a lidiar y a nadie preocupa su presentación. La integridad de las astas o el trapío son acepciones desconocidas para los espectadores de gaches. Eso sí, importa y mucho que los toreros corten orejas y que salgan a hombros, ¡faltaría más! El espectador de gaches premia cualquier cosa, por ejemplo la voluntad de los toreros, con tal de poder contar luego que el festejo que ha presenciado ha sido todo un éxito.

No sé si los gaches son necesarios. No sé si dan una imagen equívoca de lo que realmente es la tauromaquia o, por el contrario, forman parte de la propia Fiesta. No sé si hacen algún mal. En mi opinión no, aunque a mí me producen cierto malestar. Por eso yo no voy a ver gaches, al menos conscientemente. Pero a veces te dan gato por liebre, y te tienes que tragar un gache cuando pensabas que ibas a ver un festejo de categoría. Y eso, además que producirme malestar, me duele.

Valencia, la plaza de toros de Valencia, varias tardes de la Feria de Fallas me ha dado la sensación de haberse convertido en un gache, sobre todo por dos circunstancias:

Por un lado está el factor toro. Se han lidiado corridas impresentables por falta de trapío, han faltado encierros más parejos, han saltado a la arena ejemplares que han provocado una irreprimible sospecha de que sus astas habían sido manipuladas, se ha presentado una novillada tremendamente gacha mientras otras lo hacían ofensivas y astifinas... Y en todo ello tiene que ver la empresa, que no ha comprado lo mejor que había en el campo, los ganaderos, por olvidarse de la dignidad, los toreros, que intentan exigir un toro sin demasiada presencia, y la autoridad, que lo permite.

La segunda circunstancia que ha confluido para que Valencia haya rebajado su categoría es el público, aunque no es de éste toda la culpa. Que vuelvan a lanzarse prendas íntimas femeninas al ruedo es achacable sólo a cierto sector de la concurrencia, cierto. Que se aplauda lo mismo un buen natural que un trapazo cualquiera, un bajonazo que una estocada en todo lo alto, también. Que se pidan orejas a pesar de no haberse dado un buen muletazo o después de varios pinchazos, descabellos y avisos sigue siendo cuestión de desconocimiento de los asistentes. Pero intentar poner orden ante tanto desconcierto, galimatías y anarquía, es labor de la autoridad.

En estas Fallas 2008 los presidentes han bajado el listón de la presentación del ganado. No vale escudarse en las presiones que reciben en los reconocimientos. En estas Fallas 2008 los presidentes han bajado el listón en la concesión de trofeos. No vale escudarse en una petición engañosa. Acceder a presiones partidarias y peticiones hechas desde el desconocimiento sólo contribuye a convertir una feria de categoría y una plaza de primera en un gache, y en Valencia no caben los gaches. En Valencia sólo debería valer la seriedad y el orden; y la diversión, claro que sí, toda la diversión que puede provocar un espectáculo cuya base ha de ser la emoción de contemplar un triunfo de ley de un torero frente a un toro serio.

Por delante quedan los festejos de la Virgen, novilladas en junio, la Feria de Julio, el 9 de Octubre... Hay tiempo para devolver a esta plaza la categoría que merece... y olvidarnos de gaches.


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