Ser aficionado
Por Francisco Picó 11/03/2008
 
Es más importante la sensibilidad que la cantidad
Hay personas que creen que presenciar un centenar y medio de corridas de toros al año les faculta para obtener el título de aficionado. No solamente de aficionado, si no de buen aficionado.
Craso error. Conozco muchos aficionado a la fiesta de los toros que presencian un par de docenas de corridas cada año y son unos excelente aficionados.
Ser aficionado es otra cosa. Ser aficionado es tener sensibilidad para captar cualquier detalle que se produce en la lidia. Un buen par de banderillas de un subalterno. Una buena vara de un picador, un quite oportuno, ya sea artístico o de peligro. Un manojo de verónicas interpretadas con arte y torería. Una buena faena de muleta. Una gran estocada. Hay cientos de detalles que el espectador que tiene sensibilidad y carece de prejuicios a prior” capta inmediatamente.
Eso si, eso si que le autoriza a presumir de aficionado.
Pero llegar a la plaza con ideas preconcebidas, tener de antemano filias o fobias por cualquier profesional del toreo, eso si que incapacita para llamarse buen aficionado.
Me voy a referir a una crónica leída durante la pasada feria de la Magdalena. Al referirse a Paquito Esplá, el crítico en cuestión le llamó telonero decadente. No fue capaz de apreciar la buena colocación de Esplá, su sentido de la lidia, su impecable actuación como director de lidia. Su majeza, su seguridad, su forma de andar ante los toros. Su elegancia en el vestir. Su manera de salir a la plaza con el capote de paseo perfectamente liado.
No. Todo eso por lo visto le debió sonar a música celestial. Todo lo que hizo Paquito Esplá fue negativo. Ni siquiera supo reconocer que la presidencia le negó una oreja cuando el mismo usía las había concedido a pares por menos motivos. Pero si solamente la estocada que Esplá recetó “a un tiempo”, merecía el trofeo.
Por ello insisto en que ser buen aficionado es, además de todo lo que he apuntado más arriba, también a aquel al que le caben más toros y toreros en la cabeza. Y sobre todo carecer de prejuicios.




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