La dificultad para rematar un cartel, nuevo artículo de Antonio Campuzano
Por Antonio Campuzano 12/02/2008
 
No siempre son las pretensiones económicas las decisivas a la hora de las contrataciones.
avance A principios de año se ultiman las negociaciones para la contratación de toros y toreros en los abonos más representativos de la temporada. Con el sigilo propio de la ocasión se manejan calidades, cantidades, expectativas, momentos, oportunidades, para acabar muchas veces con la discordia y un malestar entre empresarios, mentores y toreros, lo que implica la falta de inclusión en los carteles. Así un año tras otro.

Las pretensiones económicas a veces dibujan otros contornos no estrictamente líquidos. Si un torero no se encuentra bien de ánimo o no tiene confianza en sus habilidades, desliza de acuerdo con su apoderado cortinas de humo que hacen presagiar una realidad económica en la negativa a torear, cuando lo que esconde es una determinación previa a no hacerlo por razones muy diversas, entre las que se encuentran en muchos casos las estratégicas.

Si Morante de la Puebla no comparece en las plazas de Castellón y Valencia se puede dar por seguro que quizá no sea por alejamiento de cifras entre oferta y demanda de los agentes que intervienen fundamentalmente en los contratos profesionales. Si José Tomás hace justamente lo contrario que Morante, es decir, torear en las plazas levantinas y no hacerlo en Sevilla, en abril, con el umbral aún del misterio sobre si lo hace en Las Ventas, se pude aventurar que los honorarios no siempre son definitivos para decir sí o no a torear en determinada plaza de responsabilidad. Mas bien obedece a un designio pactado entre apoderado y círculo de amistades del torero por construir un escenario entre mítico y real sobre las actuaciones que hay que cubrir y las que no. De antiguo se ha conocido la manía de determinados conductores de las carreras de toreros de no aparecer por Madrid hasta bien entrado en años el matador, lo que despierta expectación en muchos casos, pero también ofrece su perfil más arriesgado, pues se da la impresión de ausencia de preparación profesional para afrontar ese paso. Y sobre esas carreras pesa durante mucho tiempo una duda entre la afición.

El caso de Cayetano Rivera Ordóñez está, respecto de Madrid, en ese grupo de riesgo en la comprensión de la afición. Igual sucedió antiguamente con Litri, hijo, o con Paloma Linares con más anterioridad aún. Quizá Cayetano se anuncie este mayo próximo y se ataje esa distancia de incertidumbre. Pero vendrá otro espada que hará el mismo recorrido de aparente insolvencia. Y así siempre.

Es decir, que las figuras, por causas que la razón económica no entiende, aunque en la presentación de las combinaciones así se concluya, torean o no torean en determinadas plazas en atención a motivos caprichosos que apenas tienen que ver con los manifestados públicamente.


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