Las corridas falleras de hace medio siglo, artículo de Francisco Picó
Por Francisco Picó 06/02/2008
 
El serial fallero del año 1958 constó de cuatro corridas de toros.
Es sabido que en aquellas fechas la feria taurina por antonomasia en Valencia era la feria de San Jaime, una de las más importantes del orbe taurino. Hacía tan sólo once años que don Livinio Stuyck había creado la feria de San Isidro, ciclo que, naturalmente entonces, no contaba con tantos festejos como la feria valenciana del mes de julio.
Las corridas falleras, que habían nacido en el segundo decenio del anterior siglo con la irrupción en los ruedos de Manolo Granero, comenzaron a crecer a partir de los años cuarenta.
De las cuatro corridas, dos fueron de ocho toros, la tradicional “fartá” como se conocía por estos lares esos festejos de cuatro matadores.
En la primera de ellas intervinieron, Antonio Bienvenida, Julio Aparicio, Gregorio Sánchez y Manuel Cascales. Los toros fueron, cuatro de Eusebia Galache y cuatro de Pérez Angoso. El quinto de esta última ganadería fue retirado y sustituido por otro de Bernaldo de Quirós con el que Bienvenida estuvo sensacional. El toro, nada fácil de salida, fue yendo a más merced al temple, sabiduría y arte del torero más grande que han parido madres. Antonio fue premiado con una oreja a pesar de haber fallado con el estoque. En el otro fue ovacionado con fuerza.
Aparicio tambíén dejó constancia de su saber. Dio la vuelta en uno y cortó una oreja del otro con petición del segundo apéndice que no se concedió.
Gregorio Sánchez, no pasó de voluntarioso y mató mal a los dos. Escuchó tibias palmas.
Manolo Cascales dio la vuelta en su primero y se silenció su labor en su segundo. Destacaron en cuadrillas. Pinturas, Bernal y Michelín.
La segunda corrida también fue de ocho toros. Intervinieron Antonio Ordóñez, Jaime Ostos, Chamaco e Isidro Marín. Se lidiaron seis toros de Barcial y dos de Ricardo Arellano, que mansearon en su mayoría.
Sólo cortaron una oreja por coleta, Ostos, Chamaco y Marín. El público estuvo muy entregado con la labor de Marín y es que el diestro navarro se había ganado la simpatía de los valencianos al viajar a pie tras la riada del 14 de octubre de 1957 desde Pamplona hasta Valencia recogiendo donativos para los damnificados.
La tercera corrida comenzó con mal pie. Antonio Bienvenida fue cogido por el toro que abrió plaza y milagrosamente sólo resultó con magullamientos y erosiones múltiples. Recuerdo como si fuera ayer mismo a mi muy querido Ángel Luis Bienvenida saltar al ruedo para ayudar a las asistencias a llevar a su hermano hasta la enfermería. Antonio una vez repuesto regresó al ruedo. Acusó el palizón y falló con los aceros. Se le aplaudió en sus dos enemigos.
Gregorio Sánchez cortó una oreja y Jaime Ostos otra. Este último al acabar la corrida fue paseado a hombros por el redondel. Los toros fueron de Ignacio Sánchez, muy serios y con gran respeto. Julio Pérez “Vito” de la cuadrilla de Ostos fue muy ovacionado como casi siempre que actuaba en Valencia.
En la cuarta y última corrida del ciclo actuaron Julio Aparicio, Antonio Ordóñez y Chamaco con toros del Conde de la Corte que dieron buen juego, excepto primero y cuarto. Aparicio escuchó música de viento en los dos. Ordóñez fue aplaudido en el primero y cortó dos orejas del quinto. Chamaco, ovacionado en su lote. En esta corrida ocuparon sendas barreras de sombra el alcalde de Madrid don José Finat y Escrivá de Romaní, conde de Mayalde y el marqués del Turia, don Tomás Trénor y Azcárraga, alcalde Valencia.
Por último decir que la Feria de la Magdalena se compuso ese año de una corrida de toros: Ordóñez, Pepe Cáceres y Chamaco, que lidiaron astados terciados y flojos de Arranz, en una tarde de mucho frío y viento. Ordóñez y Chamaco no pasaron de discretos. El colombiano Cáceres obtuvo una oreja en uno y otra muy protestada en su segundo que arrojó en la vuelta al ruedo.
El otro festejo fue una novillada en la que el local Pepe Luis Ramírez falló con el estoque en su primero por lo que el resultado quedó en una ovación y cortó la oreja del otro. Abelardo Vergara, palmas y una oreja. José Gómez Cabañero, una oreja y ovación. Los tres fueron paseados a hombros.
Entonces, hace medio siglo, no era obligatorio cortar dos orejas como en la actualidad en algunos cosos, para obtener esa distinción.

Francisco Picó


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