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Juana Cano, madre de torero, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 21/12/2007 |
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Juana Cano, madre de José Ortega Cano, fue una madre especial y una mujer de extraordinaria personalidad y valor. En su sencillez nos dió muchos ejemplos de coraje, clarividencia y sinceridad. Una buena cartagenera.
Juana, madre de torero
Ricardo Díaz-Manresa
21-diciembre-2007
Juana Cano se nos fue y nos ha dado el ejemplo de una madre coraje, de una madre de torero, de una mujer fuerte, de un ejemplar humano de muy alto nivel. Fue siempre una cartagenera con todas las características de la personalidad de esa tierra trimilenaria, parió en Cartagena a un torero llamado Ortega Cano, fue clara, directa y sincera siempre cuando los reporteros quisieron elevar a la categoría de popular a esta mujer tan sencilla como admirable.
En Cartagena las pasó canutas y tuvo que emigrar con su familia eligiendo en Chinchilla, famoso empalme ferroviario de entonces, su destino que fue Madrid en lugar de Barcelona porque el cabeza de familia dejó a un papel y al viento que marcaran el destino. Los comienzos en el municipio dormitorio de San Sebastián de los Reyes también fueron duros para ella y aguantó lo suyo. Es conocida su entereza ante la decisión de su hijo de retirarse del toreo tras una mala corrida de Pablo Romero en San Isidro y sobre todo de que nadie le llamara o apoyara durante varios días. ?Me alegro porque como madre dejaré de sufrir pero como aficionada lo siento porque la Fiesta perderá un gran torero?. Llenó tanto el alma de su hijo con estas palabras que en la de Otoño, también de Madrid, con uno de Pilar Población empezó a remontar el vuelo hasta llegar a lo alto. Un ejemplo de coraje el de Juana Cano.
Hablaba con ella frecuentemente por teléfono con ese deje tan cartagenero en sus palabras y si hubiera utilizado todo lo que me contaba hubiera podido ganar dinero en ese lodazal que se conoce por lo del corazón, pero ni era mi estilo ni podía hacerle esto a Juana. Tan sincera que, cuando los de la alcachofa, le preguntaban cómo estaba Rocío a la puerta de los hospitales, contestaba ?¿Cómo va a estar?.Mal? y se alejaba de las respuestas diplomáticas y melosas de otros familiares.
He sentido mucho su muerte porque era mi amiga y porque, en su filosofía de pueblo, siempre aprendía algo de ella y porque hablaba con afecto y se interesaba sinceramente por los demás. Una gran mujer como madre y esposa y una singular madre de torero, al que criticaba cuando lo veía necesario. Una vez, me contó, le dije a José ?así le llamaba- que había estado muy mal y me colgó el teléfono. Me volvió a llamar e insistí : perdóname pero una figura no puede estar así nunca.
Así era doña Juana Cano.
Ortega Cano ha perdido una madre especial y los que la conocimos y tratamos un extraordinario ejemplar humano.
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