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La gratitud y la patada, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 18/12/2007 |
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Es moneda corriente que, una vez arriba, los toreros se dejen seducir por cantos de sirena y den la patada a quien, a costa de mucho trabajo, han logrado ponerles en circulación.
Dicen que si hay alguien más desagradecido que un torero es otro torero. Toreros en activo, habría que aclarar, puesto que suele ser cuando están en plena actividad que se les sube la soberbia y el orgullo hace que muchas veces olviden los favores recibidos y las manos que se les tendieron.
Naturalmente en el toreo nada se regala y nadie está donde está por que sí o por bondad graciosa. El triunfo siempre es a costa de mucho esfuerzo y no poco sacrificio. Aunque también suele influir el que la persona que está al lado sepa qué se lleva entre manos y dirija los pasos de su discípulo en la dirección correcta y en la forma adecuada.
Pero es moneda corriente que, una vez arriba, se dejen seducir por cantos de sirena y den la patada a quien, a costa de mucho trabajo, han logrado ponerles en circulación.
Ese es el momento que aprovechan los oportunistas -cucos, cuervos y hasta incluso buitres- para lanzar ofertas ?irresistibles?, de esas que dicen los interesados ?que no se pueden rechazar? y que conllevan que se tire a la basura la labor de quien tiró del carro hasta subir la cuesta.
Los finales y principios de temporada -en este caso para los más rezagados del mercado de invierno- suelen servir de escaparate para esta galería de ingratitudes, este muestrario de despropósitos en el que la condición humana vuelve a sacar lo peor de sí misma.
No sería mala idea que se estableciese algún tipo de cláusula de rescisión para evitar atropellos y jugarretas de esta índole, aunque tampoco es raro el caso contrario, de apoderados -sin escrúpulos, claro- que hacen firmar contratos leoninos a toreros que están luego entrampados de por vida con su en teoría benefactor.
Y aunque ejemplos hay, desgraciadamente, a espuertas, todavía resuena como un latigazo el ?usted ya no me sirve? que Castella le espetó a Campuzano -que se ha portado como un padre con el de Beziers- y, sin cerrarse esta herida, Juan Bautista le da la boleta a Santiago López. Dos casos bien significativos de ingratitud y de mal entendido querer mejorar. Pretensión humana, sin duda, pero también lo son, y mucho más valoradas y loables, la gratitud y la lealtad.
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