Medio siglo del toro de la carretera, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 08/11/2007
 
Cincuenta años después de que se intalase el primer toro de la carretera, este imponente icono de nuestra cultura sigue identificando nuestro carácter y tradiciones.
Este mes de noviembre se cumplen cincuenta años desde que se instalase el primer toro que, anunciando los productos de una bodega jerezana, terminó convertido en un verdadero símbolo de España.

Situado al borde de las principales carreteras, en puntos estratégicos, sobre cerros y oteros, recortándose sobre el horizonte, la majestuosa figura de este toro ha servido para identificar en el mundo entero un pais que ha tenido, tiene y, esperemos, tenga, a este animal como base imprescindible de un espectáculo milenario que aquí encontró solar idóneo para su desarrollo y consolidación.

Creado en 1956, por encargo de la agencia Azor, por el dibujante Manuel Prieto, un año más tarde se colocaba la primera de estas figuras. Construida en madera y de cuatro metros de alto, no tenía todavía el diseño definitivo con que ha pasado a la historia, puesto que los cuernos eran todavía blancos, el lomo era curvo, las patas no estaban tan estilizadas como ahora y sobre su superficie negra aparecía, también en blanco, el nombre de una marca de coñac.
Dado que las condiciones meteorológicas adversas dañaban las vallas de madera, en 1961comenzaron a construirse chapadas en metal y se consigue aumentar su tamaño hasta los 7 metros.
Un año más tarde, tras un cambio en la normativa de los carteles publicitarios de carretera, sus dimensiones crecen todavía más y se instalan vallas de cerca de 14 metros de altura.

Durante más de veinte años su imponente silueta presidió las carreteras españolas, convirtiéndose en un elemento familiar de nuestra red viaria, hasta que en 1988 la Ley General de Carreteras obligó a retirar la publicidad de cualquier lugar visible desde cualquier carretera estatal, desapareciendo la rotulación de las vallas, aunque éstas se mantienen, evidenciando el poder de su imagen ya que todo el mundo seguía identificando en este gigantesco toro el producto que anunciaba.
Sin embargo, la modernidad y el progreso mal entendidos dieron paso, en 1994, y gracias al nuevo Reglamento General de Carreteras, se ordena retirar todos estos toros. Varias comunidades autónomas, numerosos municipios, asociaciones culturales, artistas, políticos y periodistas se pronuncian a favor del mantenimiento de las vallas. La Junta de Andalucía pidió su catalogación como "bien cultural" y la Comunidad Foral de Navarra se amparó en una Ley Foral para mantener el toro en su territorio.
Por el contrario, distintas asociaciones y grupos más o menos legales y minoritarios de Cataluña, han luchado por la erradicación total y absoluta de este icono d nuestra cultura al considerar, con razón, que recuerdan y remiten a las corridas de toros y por ende a España, de la que no quieren saber nada a pesar de ser tan españoles como Extremadura, Andalucía o Ceuta y Melilla.

A finales de 1997 el Tribunal Supremo dictó sentencia a favor del mantenimiento de estos toros debido al "interés estético o cultural" que se les ha atribuido, convertido en un elemento distintivo del paisaje español, por lo que, a partir d este momento, y dado que la sociedad comercial que los encargó y utilizo durante tantos años, se ha desvinculado totalmente de la fiesta taurina, origen, objeto y fin de la existencia de este animal, habiendo declarado sus responsables que esta figura sólo les interesas en tanto en cuanto recuerda sus productos, despreciando su origen y su obvia relación con un espectáculo del que reniegan, habrá que ser denominado como ?los toros de la carretera?, de los que en la actualidad existen ochenta y nueve ejemplares, distribuidos de forma irregular por toda la geografía española, robustos y vigorosos, en actitud desafiante ante los próximos cincuenta años de su apasionante existencia.

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