Temporada apasionante con polémica final. Artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 24/10/2007
 
Ahora sí ha terminado una temporada apasionante. Me atrevería a afirmar que una de las más importantes de los últimos años. Y al final, cuando todo parecía languidecer plácidamente, José Tomás hizo unas declaraciones fuera de lógica que mantienen la tensión invernal entre él y Ponce hasta que comience el nuevo año.
Figuras que se han aferrado a su trono, retornos afortunados, consolidación de promesas, despertar de dormidos y un final trepidante, han sido los ingredientes para que 2007 no se olvide con facilidad.

Entre el primer grupo, el de las figuras consagradas, es obvio destacar a Ponce, que ha vuelto a salpicar España y Francia con hermosas faenas, y a El Juli, a quien por fin se rendía Madrid. Los dos, no sólo se han mantenido en lo más alto de la cúpula taurómaca, sino que incluso han firmado varias de las mejores tardes de sus carreras, demostrando así una madurez indiscutible sin perder un ápice de ambición, algo poco común en toreros tan longevos, sobre todo en el caso del valenciano.

2007 ha sido además el año de la consolidación de Castella -hora era- que marcó territorio en Madrid y no bajó la guardia hasta que una anemia le mandó al banquillo apenas iniciado septiembre. También se consolidó más si cabe El Cid, tan poderoso como siempre, fuerte todo el año, Puerta del Príncipe en Sevilla, importante en Pamplona e histórico en Bilbao cuando mató una corrida de Victorino en solitario.

No hay que olvidar a Talavante, que protagonizó el mejor inicio de campaña de todo el escalafón saliendo por la puerta grande de Valencia, Sevilla y Madrid, casi nada. Asimismo ha destacado el joven Manzanares, que se ha asentado mucho más en la plaza, ha ganado oficio y con ello profundidad. Por otra parte, 2007 ha supuesto la reivindicación sólida del mejor Perera desde que tomara la alternativa. El extremeño ha llevado a cabo un final de campaña incontestable, y también han acabado con mucha fuerza Juan Bautista, Uceda Leal, Curro Díaz y Salvador Vega, que se están lamentando de que termine la temporada ahora que es cuando más oportunidades estaban teniendo y cuando más las estaban aprovechando.

Por otra parte ha sido el año de las bajas. Ponce cayó por lesión en Murcia, lo que ha supuesto que no terminase el año en Jaén como había sucedido en sus 18 años de matador. Manzanares acusó un virus sudamericano que le dejó K.O. Cayetano, otro de los atractivos del escalafón, aunque todavía tierno y sin acabar de asumir compromisos, causó baja por las reiteradas cogidas padecidas. Castella, dicho queda, se fue a recuperarse de una anemia. Y Morante; este es caso aparte. Morante se bajó del carro sin dar demasiadas explicaciones. Posiblemente nunca sepamos todas las verdaderas razones de su retirada, aunque poco importa. El sevillano destapó su peculiar tarro de las esencias muchas veces a lo largo de la temporada mientras estuvo en activo, y seguro que lo vuelve a repetir el año próximo.

2007 también ha sido el año del adiós de Jesulín y de César Rincón, uno de los toreros con más verdad, con más entrega y más emocionantes de cuantos he tenido la suerte de disfrutar. ¡Ave César!

Y he querido dejar para el final a José Tomás. Su reaparición fue una de las noticias más deseadas de los últimos tiempos. Regresó y no defraudó. Se volvió a colocar en el sitio más arriesgado, a veces incluso atropellando la razón. Ha sido un año de rodaje en el que, pese a ello, ha recibido muchas palizas y cornadas. El toreo es sobre todo mando, no lotería, y eso debe cuidarlo el de Galapagar si la próxima campaña toma mayores responsabilidades. José Tomás, que no concede entrevistas en España y que no atiende a los medios taurinos, sí lo consideró oportuno en Méjico hace unos días, donde hizo unas desafortunadas declaraciones que comparaban su toreo con el de Ponce, al que catalogaba de más superfluo y menos arriesgado.

Todavía no he escuchado yo a Enrique Ponce hablar mal de algún compañero, ni a Ponce ni a ningún otro matador. Cada cual debe considerarse el mejor, indudablemente, pero de ahí a desmerecer la tauromaquia de los demás hay un mundo. ¿Se acuerdan de aquel chiste que decía que ?pa qué voy a hablar, pa cagarla?? Pues creo que José Tomás la ha pifiado un poco.

De todos modos, ello no empaña una temporada repleta de éxitos, de ilusiones y de pasión. ¿Y si las declaraciones de José Tomás sirviesen para que el próximo año aumentara la rivalidad entre los toreros? ¡Ojalá!


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