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Del cumple de El Juli al adiós de Jesulín, por Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 16/10/2007 |
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En la Feria del Pilar El Juli cumplía 1.000 corridas como matador de toros en un momento de incuestionable madurez profesional, y Jesulín ponía fin a una dilatada carrera tan prolífica dentro como fuera de los ruedos, lo que no siempre fue bueno para la Fiesta. Las televisiones, quizá porque no ha habido exclusivas de por medio, apenas le han dedicado a la noticia unas migajas del tiempo de descuento.
Languidece la temporada, una temporada menguada a medida que se acercaba su final. Demasiados nombres importantes no pudieron llegar a la meta de Zaragoza y Jaén por diferentes razones: cornadas, lesiones, agotamiento? Con ello se nos mutiló la posibilidad de ver un sprint verdaderamente interesante entre varios de los matadores en mejor forma del momento. Pero gracias a ello otros han tenido la posibilidad de lucir en corridas que les llegaban vía sustitución. Algunos lo han aprovechado, otros no tanto. Es ley de vida.
Languidece la temporada del adiós de Jesulín y la de la corrida número 1.000 de El Juli. Ninguna de las dos efemérides se ha celebrado a bombo y platillo como hubiera sucedido, por ejemplo, si en el fútbol hubiesen conmemorado algo similar. Quince días a razón de quince horas diarias nos han machacado todas las teles con la noticia de que el veterano madridista Raúl no fue convocado con la selección. Apenas algún minutejo en alguna cadena le han dedicado a la despedida del de Ubrique, y lo mismo al cumple-corridas de El Juli, uno de los toreros más importantes de los últimos tiempos.
Se trata de El Juli más poderoso y capaz de toda su carrera. El niño que encandiló a propios y a extraños, que atrajo nuevos aficionados a las plazas, maduró. Su vistosidad y cautivadora facilidad en los tres tercios dio paso un toreo más reposado, más consciente, quizá más técnico, pero también más autoritario con todo tipo de toros.
Con la llegada de la imparable madurez, la imagen de niño prodigio, de imberbe avispado, dio paso a la de hombre consciente y cabal, menos seductora para advenedizos. Pero su toreo ganó en quilates para los buenos aficionados. En ese paso de niño a hombre su carrera sufrió un bache del que, como gran figura que ha demostrado ser, salió reforzado. El Juli ha cumplido 1.000 corridas de toros, y podría cumplir 1.000 más si se lo propusiese, algo que sólo está al alcance de unos pocos elegidos, lo canten o no los noticiarios.
Y se fue Jesulín, no sin decir adiós pero sí sin demasiada parafernalia. Su carrera ha sido una constante caja de sorpresas, más extrataurinas que taurinas. Provocador, iconoclasta, cantante, humorista, habitual en cierta prensa que nada tenía que ver con su profesión. Fue el Jesulín de las corridas para mujeres, de bragas y sujetadores, el torero que invitó a su apoderado a dar unos pases como si el toro fuese una mona, y la mona casi se carga al apoderado. En aquella época Jesulín hubiese llenado, no sólo las plazas, sino los cines, los teatros o cualquier tipo de escenario donde se hubiese anunciado.
En una insensata competencia por la cantidad toreó más que nadie y se televisó más que nadie, sin importarle que fuese en cualquier plazucha del pueblo más recóndito. Descuidó la calidad, y al final pagó las consecuencias él y la propia Fiesta, que dio una imagen tan nefasta que todavía hoy seguimos intentando limpiarla. Cuando Jesulín se dio cuenta el alud era incontrolable. Paró para recapacitar y volvió más serio pero más aburrido.
Ha sido el torero técnico por excelencia, el de las faenas siempre en los mismos terrenos, el de líneas rectas, el de no salirse de los encastes de siempre, sin aceptar retos con ganaderías más complicadas. Atrajo mucha chiquillería a las plazas que desapareció de ellas en cuanto pasó de moda.
Pero todo ello no impide que reconozca que ha sido uno de los toreros más importantes de finales del siglo XX. Su capacidad de superación ante las adversidades es de admirar, sobre todo cuando se repuso contra todo pronóstico de un gravísimo accidente de circulación que le dañó seriamente la columna. Volvió a los ruedos, pese a que las recomendaciones médicas aconsejaban reposo ante la posibilidad de quedar parapléjico por cualquier simple golpe o cogida. Bravo Jesulín por ello. Bravo por tu afición y por tu depurada técnica, por tu temple y por tu conexión con los tendidos.
Se fue Jesús Janeiro, el simpático que cambió de registro cuando posiblemente era demasiado tarde. Se fue un torero que ha significado mucho para las televisiones, aunque ahora, quizá porque no hay exclusivas de por medio, apenas le hayan dedicado las migajas del tiempo de descuento.
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