De puteado a aclamado Cortés, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 13/10/2007
 
Segunda Puerta del Príncipe de Salvador Cortés cuando nadie la esperaba. Triunfo legítimo. Este torero desconcertante pasa con frecuencia del infierno a la gloria. Debe estabilizarse. Su faena al quinto fue un modelo de temple. Si la repite dos o tres veces al año siempre estará arriba.
De puteado a admirado Cortés
Ricardo Díaz-Manresa
13-octubre-2007


La historia de Salvador Cortés ?con dos Puertas del Príncipe, la última ayer- es humanamente maravillosa por inhumanamente dura, de muchas luces y muchas sombras, de guión cinematográfico. Tomó la alternativa, triunfó en Sevilla y no le hicieron demasiado caso ese año. La empresa Pagés, lo que queda de ella, que no es lo mejor de su historia sino que degenera del sabio Pagés al bonachón yerno Canorea y a lo que hay ahora, lo despreció y suspendió una corrida de único espada que tenía que matar El Cid y que no pudo por una lesión ósea. No admitieron su ofrecimiento. Quizá con razón al decirle que no estaba preparado con sólo unos meses de alternativa.

Al año siguiente, en la de abril, cortó cuatro orejas ?nada parecido en muchos años-, con Puerta del Príncipe, claro, y tampoco levantó el vuelo. Entonces le escribí el ?Puteado Cortés?, que resumía su triunfo y su sino.

El balance del 2007 era un buen San Fermín y cornada grande en Málaga y pocos contratos. Jodido panorama. Y así llegó a la corrida de San Miguel del 30 de septiembre. Fui a la Maestranza para ver a un torero desilusionado, mecánico, vulgar, espeso, eso sí, sin toros. Creo que desilusionó al abono que le dio la espalda como único espada. Incluso me hice el propósito de quedarme, aunque seguía en Sevilla, a ver la de Zaragoza ?despedida de Jesuín y actuación de El Cid- que la suya. Un familiar aficionado me dijo : Ir es perder el tiempo y el dinero.

Cambié de opinión al verlo en el desayuno que ofreció a la prensa. Internamente solo pero arropado por su familia, los Mariscal Cortés, por los críticos que saben de injusticias, por sus maestros Tito de San Bernardo y Curro Puya y por un sentimiento de desolada reivindicación. Allí había algo que invitaba a la esperanza. Un torero firme, realista, seguro, humilde diciendo mucho en pocas palabras.

Y ya ven, de puteado ?otra vez- despreciado, ninguneado, ignorado a aclamado, admirado, vitoreado en su segunda Puerta del Príncipe que, dicho sea, pocos esperaban.
Un triunfo legítimo, no de paisanaje, no de simpatía porque la faena del quinto fue un modelo de temple. Hacía tiempo que no veía torear tan despacio. Desde la portagayola inicial a los dos quites, pasando por cuatro pares de banderillas ?en realidad tres y medio- levantó muchas emociones y más convicciones. Yo, que me fijo tanto en la colocación de los toreros, me atrajo y absorbió el temple de Salvador, extraordinario. Y la estocada brutal.

Puteado antes por su afición de Sevilla. Sólo un cuarto de entrada.
Puteado por su señor apoderado, que ni se dignó a ir a su desayuno con la prensa ni a contestar a sus llamadas, ni a ponerlo en Jaén (dos puertas grandes en sus tres últimas corridas), ni en Játiva ni en Lucena (el único rabo en los dos últimos años)
Puteado por el ganadero, del que he leído que no le ofreció ni una becerra.
Puteado por demasiado solo en la soledad del cariño de su familia y de sus paisanos del Aljarafe.
Y aclamado después porque supo levantar el ánimo de la gente.
Aclamado por la afición que asistió. Dicen que las medias plazas de Sevilla representan a su afición. Los cuartos supongo que lo harán a su superafición, a la afición destilada, pura, perfecta. Esa fue la que le dio la del Príncipe, legítima y entusiastamente.

Pudo con la corrida, muy irregular y mal presentada, sobre todo los primeros. Se le vió fresco. Parecía otra persona distinta a la del 30. Mató de un pinchazo y seis estocadas, la del quinto, magnífica, y la del sexto, muy buena.

En agosto, como creo que cada día dependemos más del cielo, pedí por El Cid y lo difícil que lo veía lo de Bilbao. Era la primera vez que lo hacía en mi vida. Me salió bien y repetí por Salvador Cortés en la iglesia sevillana del Santo Ángel en una Misa preciosa baturra de las 12. Me salió mejor. Por eso, cuando ví a escasos dos metros al torero por la soñada y gran puerta me ilusioné y pensé que algo, un poquitín, de ese triunfo era mío.

Debe ampliar repertorio, no empacharse de derechazos, ceñirse más, cruzarse con más frecuencia, pero si repite lo del quinto dos o tres veces al año estará siempre arriba.

Pero este sorprendente Salvador Cortés, que algo de culpa habrá tenido en lo que le pasa, me desconcierta y no sé si será el de las cuatro orejas de la de abril, el irreconocible del San Isidro posterior y de Valencia, el de demasiadas tardes fallidas, el de San Fermín 2007 o el de este 12 de octubre.

De cualquier manera, nada admiro más en esta vida que las resurrecciones por superación, teniendo en contra tantas cosas, el que puede contra todo y contra todos.

Pero no utilices más las heroicidades, que el triunfo se cimenta en el día a día.


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