Oscuro futuro, opinión de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 02/10/2007
 
Mal pinta el futuro torero de la Fiesta. No hay que ser alarmista, no es nada definitivo, lo sé, pero visto lo visto en Algemesí no está la cosa para tirar cohetes.
La vulgaridad, la preocupante incapacidad de resolución, la falta de instinto y, lo que es peor, la conformidad como norma que ha exhibido el escaparate de novilleros que ha hecho el paseíllo en el coso de La Ribera valenciana, ha puesto sobre el tapete que faltan puntales sólidos que sigan arrastrando fieles admiradores hasta las plazas.

Podrán escudarse en que el factor toro no ha dado tan buen juego como en ediciones anteriores; posiblemente hablando muy en general sea así, pero no menos cierto es que, salvo la novillada de Miura, ningún ejemplar se ha querido comer a nadie. La nobleza ha sido el común denominador de la feria, y eso debería haber sido suficiente para que los que quieren ser figuras se montasen literalmente encima de sus antagonistas. ¡Pero si los toreros de más renombre se la están jugando a diario, si muchos han estado o todavía están parados por cogidas! -José Tomás, Ponce, Castella, Perera, Cayetano, Pepín Liria?- ¿Q ué no tendrán que hacer quienes les emulan?

Sería injusto meter en el mismo saco a todos, porque los ha habido con sobrado oficio y depurada técnica, caso de Pepe Moral y Rubén Pinar por ejemplo, pero la impresión que me he llevado tras la feria de Algemesí, es que faltan nombres con verdadero tirón. Y no hablo de capacidad sino de enganche. No he visto ningún novillero diferente de verdad al resto, con una personalidad arrolladora, de particular tauromaquia. Ninguno ha sido capaz de entusiasmar, de apasionar, de enamorar artísticamente a la afición, de invitar al peregrinaje tras su estela, o al menos al seguimiento ilusionado de su carrera.

Es de todos conocido que la celebración de novilladas es deficitaria, y uno de los remedios pasa por quienes participan en ellas. El conformismo ayuda a empeorar las cosas, ni siquiera la buena voluntad es suficiente. Algo tan fundamental como asentar las zapatillas ha sido cosa excepcional a lo largo del ciclo algemesinense. Así no puede ser, y aunque no sea definitivo, a un servidor le parece preocupante.


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