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Paciencia, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 08/08/2007 |
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Entre las cualidades, muchas, que distinguen a los toreros del resto de mortales no es la menos importante, pese a que muchas veces pase desapercibida, la paciencia.
Está claro que un diestro sin valor tendrá un camino corto en esta tan difícil profesión. O que aquel que no domine la técnica del toreo tampoco llegará lejos. Tampoco su memoria quedará para los anales quien carezca de sensibilidad o gusto. Pero, aunque pocos son los que echan cuentas a esta virtud, sin paciencia no hay torero que valga. Y los ejemplos están a la vista de todos y comienzan ya desde que un aspirante a torero pisa por primera vez el aula de una escuela taurina.
No es fácil, ni mucho menos, la etapa novilleril, en la que, primero, hay que destacar sobremanera para poder torear sin tener que pagar por ello y, segundo, se fije en uno alguno de los satélites de los tres o cuatro mandamases del negocio.
Una vez, por fin, llegada la alternativa puede que comience la parte más complicada de la carrera de un matador de toros. Ya no cuenta para nada lo hecho y se piden resultados inmediatos y a diario, por lo que el parón tras el doctorado suele ser inevitable y del mismo no se escapó ni el mismísimo Ponce.
Casos hay a miles, pero baste recordar que Antoñete, Ortega Cano o Espartaco, por poner tres ejemplos cercanos y populares, estuvieron en un tris de pasarse, desesperados, a las filas de los subalternos al no encontrar recompensa a sus esfuerzos.
Pero no por ello deja de llamar la atención, y más en una época en la que no abundan los nombres con tirón, que se desprecien los triunfos y logros conseguidos por diestros que no por modestos desmerecen. Es el caso de Tomás Sánchez, triunfador de la última feria de julio de Valencia y que tras ese éxito no ha encontrado hueco para torear en ningún otro sitio. Y el hecho llama más la atención si se repasan las combinaciones de ferias y seriales en los que aparecen diestros que llevan años sin conseguir sin aportar nada y que siguen en el machito como funcionarios de empresarios que tiene en ellos cromos que cambiar para, de paso, cobrar sus buenas comisiones.
¿A quien beneficia este rechazo a poner toreros nuevos -que además se la han ganado en el ruedo- en los carteles? Desde luego, no al aficionado. Y si quien la sostiene no saca nada positivo, también la fiesta se ve seriamente perjudicada.
Desde luego, hay que tener paciencia.
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